Pregones

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PREGON DE LAS FERIAS Y FIESTAS DE 1.992

Lucio Mora Redondo

Habla en otro tiempo entre los carpinteros y albañiles de Villarrubia una costumbre, a la vez socarrona y aleccionadora, en el más puro estilo manchego, y que consistía en mandar un aprendiz novato a otro taller a que pidiera el nivel de los caba1lates. El maestro que recibía la petición del mancebo le decía que no lo tenía él, porque se lo había dejado a otro, en una punta del pueblo, y este otro lo remitía e un tercero, en la otra punta, y así se recorría el futuro oficial todos los talleres y obras del pueblo, en busca del nivel perdido, hasta que volvía sin él, pero con la burla en sus espaldas y una lección en el bolsillo: Los caballetes no necesitan ser nivelados, no existe nivel de caballetes, pedir un nivel de caballetes es

como pedir un redondeador de circunferencias. Yo os puedo asegurar que he dado tantas vueltas en mis reflexiones como

aquellos aprendices, buscando no el nivel, pero sí los puntos de apoyo que mantienen nivelado no ya el caballete, sino toda esta gran casa que es Villarrubia, los tres pilares, sobre los que se asienta la vida y la economía de nuestra pueblo:

No me fue difícil encontrar el primero: Villarrubia vive del campo y se desvive por él:

En cierta ocasión pude escuchar a uno de nuestros pastores espirituales de antaño cómo decía enojado que a los villarrubieros los tenían que enterrar quitando el crucifijo del ataúd y poniendo en su lugar una parra, para que estuvieran más contentos. "Pero póngamela malagueña, señor cura, y que la tierra que echen encima sea del Turón" respondió una de nuestros mayores, esgrimiendo el frente la boina, no sabemos sí como escudo protector de las iras clericales, o como montera en gesto torero de brindar faena.

Son nuestros trabajadores del campo; jornaleros en lo ajeno, agricultores en la propio, quienes forman esa primera, columna que nos sostiene. Gente de corazón noble, de espíritu tenaz. Labrados a golpes de una fatiga que se tiene, pero que no se dice. Gente que se crece en el dolor y que aprendió y enseña con la broma y al ejemplo: hombres como Jesús Sánchez-Crespo, como Malitón Espinar Garcís, o como Lucío Mora Amado, si me permitís que cite al amigo, al vecino y al familiar, para mi cercanos los tres y de quienes he aprendido algo sobre el campo y mucho sobre la vida: unos afilaron sus hoces en las mieses de Segovia, Burgos y Guadalajara en épocas más duras que la nuestr o lucharon por llevar a buen fin las primeras sociedades cooperativas de nuestro pueblo ellos son el pasado que perdura. Otros, aunque jóvenes, mantienen vivos la tradición y el deseo de trabajar las tierras familiares; ellos tendrán que apostar por la calidad de nuestros productos a costa de la cantidad, ellos tendrán que asociarse para reducir costes y ser más competitivos, ellos tendrán que hacer un esfuerzo de creatividad e imaginación en la búsqueda de nuevos mercados, si quieren ganarle el pulso a un futuro que se presenta incierto. Podrá faltarles el apoyo de gobiernos preocupados de otras temas, pero no de un pueblo que no olvida quién lo sostiene, quién lo alimenta.

Es también fácil dar con el segundo gran pilar que soporta el peso de nuestro pueblo:

Si uno se sienta en cualquier banco del paseo del Cordón, puede verlos todas las madrugadas, a las cinco, de lunes a viernes. Parece que el pueblo se escapa, que la gente huye de alguna catástrofe a tal vez, como dice el cantar, que a la Virgen de la Sierra se la han llevado a Madrid y allí se van los villarrubieros. No es nada de eso. La Virgen está en el pueblo: pero el trabajo está en Vallecas, o en Las Razas o en La Maraleja. Queda lejos el hato del corte y las dos últimas horas de sueño han de sostenerse en las estrecheces de un asiento de autocar.

Son emigrantes de cada semana, emigrantes de cada día, trabajadores de Madrid, columna de Villarrubia. El beneficio que el flujo da sus ingresos produce en nuestro pueblo sólo se puede comparar a la dureza de sus condiciones laborales. Cuatro horas diarias en la carretera son veinte horas semanales, y esto quiere decir que, de cada diez años de su vida, un año y dos meses se lo pasan en un autobús.

A ello se añaden las horas y el esfuerzo de la jornada de trabajo, el riesgo de un mal paso en el andamio y la incertidumbre de un empleo para el que se avecinan tiempos difíciles.

Por grande que sea, nos parecerá pequeño un salario que se gana con tanto desasosiego. El sudor, la piel y alguna vez hasta la sangre y el alma se quedan en Madrid. El cansancio y el dinero vienen a Villarrubia. El cansancio llega solo y permanece en el cuerpo. Pero el dinero, el dinero tiene muchos amigos y se marcha a tiendas, bancos, bares y fincas. Se mueva y mueve al pueblo hacia un mayor grado de bienestar.

Pensemos en ello, si alguna vez nos despiertan los gatos a las cuatro y media de la madrugada y oímos pasos en la calle, voces roncas salpicadas de bostezos y cigarrillos que se encienden.

Tanto debe Villarrubia a los que salen a trabajar a Madrid, tanto debe a los trabajadores del campo, que casi nos olvidamos de que quizás sea más lo que debemos a quienes constituyen la tercera gran columna, verdadera piedra angular de nuestro pueblo:

Muchos de los que estamos aquí esta noche sabemos lo que es tener que dejar nuestra tierra para ganarnos la vida, a veces por un día, a veces por unos años, a veces para siempre. Lo saben tus padres, Antonia y Juan, lo saben tus hermanos, Nino y Fernando, lo sabes tú, Toñi, hoy nuestra reina. Salieron tus padres de la tierra de sus mayores. Formaron un hogar en el que tú naciste. Pero un día, apenas tendrías cuatro años, te despertaron y te subieron al coche. Iríais a La Mancha.

Andaluza te quiso tu familia, fue Cataluña quien primero te alimentó. Pero es en Villarrubia donde te has formado y te has conocido a ti misma, donde luchas, sufres, ríes y lloras junto a los tuyos, y hoy más que nunca debes sentirte villarrubiera, y hoy más que nunca Villarrubia junto con la corona debe ofrecerte, debe ofreceros, a ti y a tus damás, todo su cariño, todo su apoyo para el futuro. Porque un día ya no serás reina, ya no seréis damas. Pero seguiréis siendo algo más importante para nosotros, seguiréis siendo lo que esta noche representáis y a quien esta noche estamos realmente coronando y admirando en vosotras, seguiréis siendo mujeres de Villarrubia.

Mujeres de Villarrubia, vosotras sois la tercera gran columna que se yergue sobre los cimientos de nuestra historia y sostiene con firme empuje el edificio de un pueblo que a veces teme mucho la vara que lo domina y valora poco la mano que lo acaricia y lo levanta.

Decía un novelista ruso: "Mujeres, extraños seres encantadores". Podríamos añadir: "Mujeres de Villarrubia, extraños seres trabajadores". Cuando Dios inventó el trabajo, pensó en Villarrubia y sus mujeres: la casa limpia, la escoba en la calla, los niños arreglados y camino de la escuela; la ropa tendida en la azotea, la despensa llena y , si queda tiempo, un repaso a la actualidad con la vecina.

- Y que van a poner la "mili" "pá" las mujeres. Por si no tenemos poco. Escucha qué explicaciones. No se estarán...

- Bueno, me paso, que tengo la sartén puesta y hoy vienen huéspedes.

- Sí, anda, no te entretengas.

Todo menos entretenerse, todo menos pararse. Llega la vendimia, y no perdonan la navaja ni la espuerta. No hay tarea que las asuste, ni obstáculo que las retrase. Su destino: hacer lo que tengan que hacer, ir adonde tengan que ir. Su recompensa la tranquilidad de los suyos, el respeto de todos. Obreras de la casa centinelas de los hijos, esclavas de la obligación, reinas del trabajo.

Vale quien sirve, dice una vieja máxima. No os quepa duda, villarrubieras. El servicio que prestáis a vuestras familias es la medida de vuestro valor. Que nadie os la rebaje. Sentíos orgullosas. Nunca bajéis la cabeza si otras tienen más sueldo, más estudios, más cultura. Pero tampoco permitáis que a vuestras hijas les falte lo que vosotras no pudisteis tener: que ser mujer no se convierta en una carrera de obstáculos hasta llegar a la meta que cada una de nuestras jóvenes se ha trazado; a por lo menos, que esos obstáculos no empiecen en la propia casa, no empiecen en la sociedad que las ha visto nacer. Que nunca más una chica de nuestro pueblo tenga que abandonar el instituto o no pueda ir a la universidad por ser mujer. Mientras algo así suceda, aunque sea una sola vez, no seremos un pueblo libre, no seremos un pueblo próspero.

Y por encima de todo, seamos agradecidos: mí madre como tantas de vosotras, siempre nos ayuda a los que estamos cerca, y no tan cerca. Cuando alguien le da las gracias por su ayuda suele responder "no las merece". Eso es lo que vosotras decís; eso es lo que vosotras creéis. Pero sí las merece, ¿cómo no las vais a merecer?. Y mucho más: Un pueblo sabio, un pueblo noble tiene que reconocer, tiene que admirar, tiene que saber agradecer el esfuerzo de sus mujeres. Y quienes dirigen los pueblos harán bien en gastar algo de presupuesto y lo que puedan de materia gris en mejorar la formación y calidad de vida de quienes aguantan tanto carga a veces a cambio de un jornal de silencio y olvido.

Posiblemente cada, villarrubiero guarda en su corazón una imagen de cómo le gustaría que fuese su pueblo. Es nuestra Villarrubia ideal, nuestra Villarrubia de dentro. Esa que podamos construir a nuestro antojo, sin temor a equivocarnos, porque sólo nos pertenece a nosotros; esa Villarrubia imaginaria de la que cada una es alcalde imaginario. Voy a pediros que miréis si en ese pueblo a vuestra medida queda espacio para tres glorietas; tres glorietas pequeñas, sencillas, apacibles. Piedra de la sierra en los bancos y arena de la vega en los paseos, y con nombres que nos recuerden nuestra gente: una se llamará "Plaza de los Labradores", otra, "Plaza de los trabajadores de Madrid", la tercera, "Plaza de la Mujer Villarrubiera".

Esta es la gente de Villarrubia. Villarrubia es su gente; pero también es su paisaje.

Cuentan de uno de los grandes del toreo, Lagartijo, que después de haber toreado con su habitual maestría en la feria de Bilbao, quería regresar a casa cuanto antes. Periodistas y amigos les insistían:

  • Quédese aquí esta noche maestro, que Sevilla está muy lejos.
  • Y él respondió:- No, señor, lo que está lejos es esto. Sevilla esta donde tiene que estar.

También Villarrubia está donde tiene que estar: empieza siendo castellana en los Montes de Toledo; pero baja como un torrente desde los olivares de San Cristóbal para remansarse en los plantíos, antes de llegar a la Madre Chica, y entonces se hace manchega. Brava, y noble en la sierra, mansa y fértil en el llano. La Virgen reina en la montaña y hace que nos sintamos orgullosos. En la llanura y en la vega manda San Isidro y nos vuelve humildes y trabajadores. Desde los Turones hasta el Chaparrillo, la tierra se ha hecho generosa a golpes de azada y pasos de arado. Unas azadas y unos arados que sólo respetaron el carrizo y la masiega de Las Tablas. Y es en Las Tablas donde nos sobra espíritu humilde del llano y nos falta espíritu altivo de la sierra. Es en Las Tablas donde nos hemos hecho generosos en exceso; generosos, porque aportamos tierra y esfuerzo, pero no recibimos la gloria de la fama; generosos, porque nos conformemos con que tengan un nombre y el primer apellido, porque no intentamos añadirle el segundo apellido, que es el nuestro.

Subid un día hasta los cerros de La Posadilla, o al Alamillo, si queréis dominar un horizonte mayor; mirad hacia Levante y decidme que Las Tablas no merecen llamarse "de Daimiel y Villarrubia". Acercáos otra día hasta Las Tablas y, desde la Torreta de observación, preguntad a los visitantes qué sierra ven al frente, qué pueblo asoma por la derecha. Todos conocen Las Tablas, todos conocen Daimiel.¿Sabrán algún día que esa sierra que se ve es la nuestra, que ese pueblo que divisan es Villarrubia?. Si el agua gris y azul que vemos desde la Virgen también baña nuestra término; si el carrizo de la ribera también chupa de nuestra tierra; si Villarrubia también contribuye a mantenerlas, entonces "Tablas de Daimiel" es un nombre bonito, pero incompleto; y si nosotros no nos conformamos con que nuestros hijos lleven sólo al apellido del padre, o sólo el de la madre, tampoco deberíamos conformarnos con que una parte de nuestra tierra no lleve el nombre de nuestro pueblo. Nada quitamos; a nadie ofendemos. Decía el Alcalde de Zalamea que el rey la vida y la hacienda se han de dar; para que el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios. Y el nombre de la tierra es parte del honor, es parte del alma de los pueblos, y si nuestro Parlamento no puede añadir dos palabras al texto de una ley, nuestro orgullo de villarrubieros, nuestra voz de hijos de la sierra si que puede pronunciarlas donde quiera que nos encontremos: "Tablas de Daimiel y Villarrubia". Tablas de la Mancha, bastión de la naturaleza pañales del Guadiana, mortaja del Gigüela, ceñidor de la sierra.

Las Tablas, La Virgen, San Cristóba1 son puntos de nuestro espacio que todos conocemos, con los que todos nos identificamos; lugares que influyen en el carácter de nuestra gente, lugares que nos hacen ser como somos. No sólo nuestro espacio; también nuestro tiempo, el ciclo de cada año, tiene sus puntos clave, días que condicionan la vida de nuestra pueblo, días en los que todos sentimos un fuerte tirón en nuestro espíritu que nos pone en camino hacia Villarrubia.

Decía Don Quijote que hubo una época dichosa a la que los antiguos llamaron Edad de Oro, porque los que en ella vivían ignoraban las palabras de "tuyo" y "mío", una época donde todas las cosa eran comunes, todo era paz, todo, amistad, todo concordia.

Que a partir de mañana comience, también para nosotros, un tiempo de oro; una semana mágica en la que veamos resueltos todos nuestros anhelos, en la que seamos plenamente felices. No podremos renunciar a las palabras "tuyo" y "mío"; porque ya no sabríamos vivir sin ellas; pero sí que podremos compartir algo de nuestra tiempo y podremos compartir toda nuestra pasión de villarrubieros, nuestra pasión por la Virgen de la Sierra. También podremos contagiar nuestra alegría, brindar nuestro apoyo a los que no han podido aparcar por unos días sus afanes, sus preocupaciones. Pero, sobra todo, esta semana tenemos que sentirnos más próximos, más dispuestos a ser solidarios que el resto del año, y tenemos que sentir el deseo de un pueblo que quiere vivir en paz, que quiera vivir mejor. Divertirse sanamente ya es empezar a vivir mejor; es hacernos bien a nosotros, es hacerle bien al pueblo.

¡Villarrubieros! divertiros cuanto podáis en buena armonía y mejor compaña. Disfrutad cada instante, vivid1a intensamente, porque ya no volverá. Pero tengamos también unos segundos para no olvidarnos de los seres queridos que estas fiestas no estarán entra nosotros; unos regresarán y los tendremos aquí otro año. Otros se han ido adonde no se regresa. Para todos ellos mis últimas, palabras, para todos ellos nuestro recuerdo.

Muchas gracias y felices fiestas.

Villarrubia, 6 de septiembre de 1992.

Lucio Mora Redondo

 


Pregón de Feria

VILLARUBIA DE LOS OJOS, 1995

Felipe Serrano López de Coca

 

Sr. Alcalde...,

Sras. y sres. concejales ....

Reina y Damas de las Fiestas..., Señoras y señores ....

Villarrubieras y villarrubieros .... ¡Muy buenas noches a todos!

(Antes de nada, si me permiten, quiero dedicar este pregón de feria, que hace el número 20 de los que hasta la fecha se han leído en el pueblo a mis padres y a mis hijos Lucía y Felipe).

Constituye para mi un inmenso honor estar aquí esta noche pregonando la feria y fiestas de 1995. Y digo que es un honor, porque no tiene uno muchas ocasiones a lo largo de su vida, como yo en este momento, de proclamar a los cuatro vientos lo que siente por su pueblo. Decía nuestro paisano de Tomelloso, el novelista Francisco GARCIA PAVON, que "no hay tierra buena ni mala, no hay más que la de uno". La nuestra no es mejor que otras pero sí tiene algo que la hace inconfundiblemente auténtica en estos tiempos de vértigo que nos ha tocado vivir.

Vaya también por delante mi saludo afectuoso para todos aquellos villarrubieros que por avatares del destino no se encuentran durante estos días entre nosotros y, naturalmente, un saludo también entrañable para todos aquellos que no habiendo nacido aquí se han incorporado de pleno derecho y como uno más a nuestras costumbres y forma de vida. Aprovecho también la ocasión para saludar a todos aquellos que eventualmente puedan seguir este pregón a través de la televisión local.

Dicho lo dicho, lo primero que voy a hacer va a ser poner mis cartas sobre la mesa y decirles que tan sólo persigo dos cosas con las que me daría más que por satisfecho. Una: que estas palabras sirvan de vehículo para desearles unas felices fiestas, y dos: que provoquen algún que otro aguijonazo con el fin de recuperar nuestro legítimo orgullo de ser y sentirnos villarrubieros, porque como tendré ocasión de explicar más adelante, VILLARRUBIA DE LOS OJOS no es un pueblo cualquiera. Los primeros momentos de esta intervención, por tanto, quiero dedicarlos a todos aquellos colectivos y personas que con su esfuerzo y dedicación, muchas veces de forma anónima y desinteresada, contribuyen a que el nombre de VILLARRUBIA sea cada vez un poco más grande y en muchos casos a hacernos la vida más agradable.

Estoy hablando de colectivos tan dispares y entusiastas como la banda de música municipal, la banda de cornetas y tambores, la Asociación ecologista ANEA, la Asociación de Amas de casa o las Peñas Porrón y Molino. Tal es el caso también de las Hermandades de San Antón, o de San Cristóbal, que en el último año, y entre otras actividades, ha unido a su inquietud cultural la remodelación de un gran mirador en la ermita que lleva el nombre del santo desde la que se divisa la sierra, el pueblo y la llanura infinita, los tres componentes de nuestra identidad. Encomiable igualmente es el trabajo realizado desde hace tiempo por la incansable Hermandad de la Virgen de la Sierra y por la de San Isidro que atesora en su Museo de Agricultura la esencia de lo que fue este pueblo.

Qué habrá sido de aquellos zagales, mayorales, gañanes, yunteros, carreteros, herradores, camineros, molineros, canteros,, picapedreros, caleros, y yeseros. Dónde habrán ido a parar los carbonilleros, hojalateros, pescadores, cangrejeros, pregoneros, campaneros, serenos y jalbeganderos. Qué fue de los trilladores, segadores, bucheros, gorrineros, vaqueros, pastores, esquiladores y matarifes. Quién se acuerda ya de los guarnicioneros, cañameros, curtidores, albardoneros y cesteros. Qué pasó, en fin, con los medidores y corredores de vino, aguardenteros, bodegueros, tinajeros y pisadores. casi medio centenar de oficios desaparecidos por la vorágine de los tiempos y el progreso, pero cuya memoria perdurará todavía durante mucho tiempo.

Quiero aprovechar la ocasión que se me brinda esta noche para rendir homenaje y tributo a los agricultores de VILLARRUBIA, verdadero motor de la economía del pueblo. Su dedicación y esfuerzo ha conseguido superar las condiciones adversas de un terreno agreste y duro como pocos, y los imponderables de una naturaleza caprichosa y cambiante, quién sabe si debido a la mano del hombre.

España está dejando de ser a pasos agigantados un país agrícola, no sé si por voluntad propia o por exigencias de la Unión Europea. El caso, es que esta situación de interinidad está provocando no poco desasosiego en el sector. Si a esto unimos la galopante sequía de los últimos años, la peor de todo el siglo, y el insuficiente valor de los frutos, dedicarse a la agricultura en los tiempos que corren es, más que un medio de supervivencia, un acto de heroísmo.

La llegada de la mecanización ha dejado los carros, galeras, tartanas y trillas como objeto de museo o curiosidad de coleccionista, cuando no los ha condenado a su lisa y llana desaparición. El valor simbólico de esos útiles y aperos, sin embargo, pervivirá siempre aunque hayan desaparecido aquellos que los utilizaron, porque sobre ellos se asienta la memoria viva de todo un pueblo. De bien nacidos es ser agradecidos, y por eso en esta ocasión tampoco está de más que recordemos nuestro pasado, que es tanto como recordar cómo se ganaban la vida muchos de nuestros padres y abuelos.

Qué lejos quedan ya las norias con sus arcaduces o el tradicional arado de cama curva o castellano, el apero más emblemático y simbólico de la agricultura con el que remover la tierra, enterrar la simiente después de la siembra, eliminar los hierbajos e incluso sacar frutos como las patatas.

Lejano en el tiempo y en la memoria queda también el trabajo de los segadores, que nada más terminar los días de la faena en el pueblo cogían sus escasas pertenencias para ganarse la vida en Guadalajara o Segovia. Tanto aquí como allí trabajaban de sol a sol, en pleno verano y bajo un calor sofocante acompañados de tábanos durante el día y mosquitos por la noche. En el mejor de los casos dormían en una quintería o un pajar alumbrados por un candil, y si no, al raso en un surco con un ropón y un haz de mies de cabecera.

Apenas han transcurrido unas decenas de años y estamos hablando ya de un mundo en extinción. Una época bien distinta a esta y en la que la palabra de un hombre valía lo que hoy un documento firmado ante notario. Un tiempo, todo hay que decirlo, con profundas desigualdades sociales, bien es cierto que dominado por la armonía y el entendimiento, y en el que se necesitaba menos que ahora no sólo para vivir, sino también para ser feliz que al fin y al cabo es de lo que se trata.

No sería justo hablar aquí de agricultores y labradores y no referirse siquiera sea unos minutos al importante papel jugado por las mujeres de VILLARRUBIA, que no sólo ayudaban en algunas tareas concretas como la vendimia o la aceituna, sino que no se asustaban a la hora de segar, arrancar, o trabajar en la huerta, además de sus tareas habituales en la casa. Ahora que se habla tanto de igualdad de sexos, bueno será recordarlo.

Todavía hoy algunas recuerdan el bullicio de los días en que se levantaban antes que el sol para ir al caz o al lavadero y ver en qué pila les correspondía lavar. Era una época sin cuartos de baño, sin lavadora, por supuesto, y con una sola bombilla para toda la casa si es que la había. Diciendo estas cosas, que a algunos puedan sonar a obviedades, podremos comprender mejor que si el trabajo en general era duro antaño, el de nuestras madres y abuelas no lo era menos y por eso he considerado oportuno subrayarlo. Nuestra Reina de este ano y su corte de honor representan aquí esta noche todas las virtudes, que no son pocas, que adornan a las mujeres de VILLARRUBIA.

Tampoco puedo ni quiero olvidarme de otro grupo numeroso de villarrubieros que semanal o diariamente se ven obligados a dejar el pueblo para ir a trabajar a Madrid. Esa sí que es una gran injusticia social, aunque tal y como están las cosas alguno me dirá y con razón que mejor eso que no tener trabajo. A VILLARRUBIA le corresponde el triste honor de ser uno de los pueblos que mayor número de trabajadores de la construcción aporta a Madrid y el de ser la pionera de esta dura forma de ganarse la vida de la que se cumplen ya más de treinta años. El primer viaje regular de obreros a la capital de España fue en 1964,1 el billete de ¡da y vuelta costaba entonces 40 pesetas, y aunque las condiciones laborales han mejorado enormemente se mantiene una situación cuando menos inaceptable. Trece o catorce autobuses de obreros hoy, o una veintena hace tan sólo unos años en la época de mayor esplendor, componen ese trasiego humano difícilmente repetible en cualquier otro lugar de España.

Localidades como Las Rozas,, Majadahonda, Tres Cantos o Madrid capital se han convertido de esta forma en nombres conocidos y habituales en cualquier tertulia. Llueva o truene, haga frío o calor, casi un millar de villarrubieros con su bolso al hombro y horas de sueño atrasado deben abandonar su hogar a una hora infernal para buscar el sustento de su familia. Lo que comenzó siendo un viaje semanal se ha convertido en diario, con ano de obra de ida y vuelta, si bien algunos de ellos decidieron darse y quedarse a vivir para siempre en Madrid. Durante muchos años y con el fin de hacer una vida más económica dormían y comían entre papeles. Por fortuna hoy la situación ha cambiado, pero no mejorará del todo hasta que esos obreros puedan en su mayoría, y si lo desean, volver a trabajar en el pueblo sin tener que darse todos los días una paliza de 300 kilómetros en la carretera con el peligro que eso conlleva.

A nadie se le escapa tampoco que la salida de obreros a Madrid ha reportado enormes beneficios al pueblo que se traducen en unos ingresos que rondan los dos mil millones de pesetas al año. Gracias a ellos y a los agricultores, el comercio,, las tiendas, el sector de la construcción local y empresas afines, y los bancos en general se han convertido en negocios florecientes como ocurre en pocos lugares de la provincia.

Desgraciadamente lo que no se puede ya pagar con dinero para su recuperación es el entorno medioambiental del pueblo, porque si hay algo que caracteriza a esta zona es su fragilidad.

El agua, el sol y la tierra. La sabia combinación de estos tres elementos de la naturaleza han confluido durante siglos de forma, yo diría que mágica, por toda esta zona. En los últimos años asistimos atónitos a la progresiva desaparición del agua. La terrible sequía derivada de la falta de lluvia que padecemos, las nuevas necesidades agrícolas y la voracidad de algunos nos han dejado como herencia un paisaje casi lunar.. además de innumerables pérdidas para nuestros hombres del campo.

Alteraciones del ecosistema como la desecación de las márgenes pantanosas de los ríos Gíguela, Záncara, Riansáres y Guadiana, la captación irregular de aguas y la sobreexplotación de ese mar subterráneo que se ha dado en llamar Acuífero 23, y sobre todo la ausencia prolongada de precipitaciones ha puesto en peligro no sólo la supervivencia de las Tablas de DAIMIEL, sino que ha dejado nuestra rica vega convertida en un erial, trastocando de paso la forma de vida de todo un pueblo durante generaciones. Y quiero hacer hincapié en este asunto porque el cambio paisajístico y medioambiental producido aquí no conoce parangón en toda Europa si exceptuamos la desecación del Mar de Aral en la Antigua Unión Soviética.

Soy perfectamente consciente de que el acto que nos reúne aquí esta noche debe ser lúdico y no reivindicativo porque para eso hay otras tribunas y lugares, pero tan sólo quiero subrayar que VILLARRUBIA tiene mucho que decir ante esta catástrofe, y tiene que decirlo alto y claro porque las tablas y los humedales son, o por mejor decir, eran tan de aquí como de cualquier otro lugar y no podemos permanecer mudos ante esta lenta agonía.

Me he permitido la licencia de recordarlo aquí esta noche, siquiera sea brevemente, porque considero que el agua, fuente de vida cada vez más escasa, ha tenido en este pueblo un peso y una tradición que ya quisieran para sí otros muchos lugares de España. Aún hoy, quien tuvo retuvo, y en esta difícil situación VILLARRUBIA disfruta de unas condiciones envidiadas.

Tan sólo nuestros mayores recuerdan ya los Ojos de la Fuensanta, de la Morena, de la Médica, el de la Abuelilla, el de Ricopelo, la Alberquilla del Trasto y los Cerrojillos. Fuentes como la de las Pozas, la de Arroba, la de la Mina, de Santa María o del Caño, o ya en la sierra la del Carrizo, la de la Teja, la del Madroño o la de la Posadilla.

Qué tristeza contemplar la inactividad de molinos de agua como los de Zuacorta, Griñón o Molemocho. No deja de ser curioso que el símbolo por excelencia de La Mancha sean los molinos de viento y aquí los únicos que ha habido desde la noche de los tiempos hayan sido de agua.

Hay quien recuerda todavía con añoranza aquellas bandadas de gallinillas, , azulones, patos coloraos, garzas, martinetes, cuellinegros, avefrías y aguiluchos que llegaban a ocultar el sol. Vivían entre tarayes, marjales, cañamares y carrizales donde crecían juncos, anea, espadaña y masiega y por cuyas aguas, las dulces del Guadiana y las salobres del Giguela, transitaban lampreas, carpas, lucios y cangrejos. Algunas de esas escenas están grabadas en mi retina porque, aunque ya en su decadencia, las recuerdo en los días de mi infancia.

No sé si en un futuro más o menos lejano tendremos el privilegio nosotros, o lo tendrán nuestros hijos, o quién sabe si los hijos de nuestros hijos, nacidos del asfalto y el cemento, de volver a ver aquellas frondosas vegas y humedales. Por desgracia, no es algo que dependa totalmente de nosotros. Lo que sí está en nuestras manos es recuperar, por ejemplo en los terrenos de la Dehesa Boyal, parte de aquellos parajes de arbolado que las tropas francesas redujeron a cenizas en los primeros años del siglo pasado con motivo de la Guerra de la Independencia. La invasión del ejército enemigo necesitado de fogatas para el rancho y durante el invierno propició y abrió la veda para la tala de los inmensos manchones de encinares que rodeaban el pueblo en aquella época.

VILLARRUBIA DE LOS OJOS, ya lo he dicho antes, no es un pueblo cualquiera, y no lo es porque hay una serie de hitos en su larga y dilatada historia que así lo demuestran. Este pueblo que tuvo su castillo hace nada menos que ocho siglos, que tuvo su Casa de la Encomienda, amén de numerosas casas señoriales de las que apenas se conservan un par de ellas, que toma su nombre de los ojos donde reaparecía el enigmático y misterioso Guadiana .... 1 esta villa digo, tiene algunos hijos ilustres que bien merece la pena traer a nuestra memoria hoy, aunque en ocasión idéntica a la que nos congrega esta noche personas más autorizadas que yo hayan glosado con evidente acierto sus figuras.

Me refiero, por ejemplo, al capitán SALAZAR y al soldado Juan SANCHEZ, nacidos aquí y que embarcados en la nave capitana de D. Juan de AUSTRIA tuvieron una actuación heroica en la batalla de San Quintín en 1557. Tal es el caso también de Fray Gregorio NACIANCENO, confesor de Santa Teresa de JESUS, o de Juan GONZALEZ DE CRIPTANA, eminente teólogo agustino, escritor y humanista del siglo XVII, o ya en nuestros días, del músico Servando SERRANO ESPINOSA, considerado en su época como el mejor solista de oboe de toda Europa. Bueno será recordar también la memoria de José Antonio y Miguel JIJON, que dieron nombre en el siglo XVIII a la más antigua ganadería de reses bravas de España, creando la afamada "casta jijona", de "pinta colorada encendida" que tanto prestigio ha dado a este pueblo como certeramente relató Don Luis VILLALOBOS en un libro escrito en 1967, fundamental para conocer la historia del pueblo.

Una historia que pasa, necesariamente, por un 2 de mayo de 1466. En esa fecha y en este pueblo ocurrió un hecho decisivo para el futuro de España. Tiene como protagonista a Pedro GIRON, no confundir con JIJON,, aristócrata castellano y todopoderoso maestre de la orden de Calatrava. El tal Pedro GIRON partió de la villa de Almagro al frente de tres mil hombres con intención de casarse con la infanta de Castilla, doña Isabel, con el paso del tiempo, Isabel La Católica. Inesperada y misteriosamente, don Pedro fue envenenado en VILLARRUBIA, frustrándose una boda que doña Isabel no deseaba y quedando libre el camino para que 1 infanta, futura heredera de los reinos de Castilla y León desposara tres años más tarde con Fernando de Aragón propiciando una unión dinástica sobre la que se asentó el futuro de España VILLARRUBIA DE LOS OJOS, digo, no es un pueblo cualquiera. Cuando en 1811 el ejército francés ocupaba toda la Mancha, y e este mismo lugar había un cantón militar enemigo en represas¡ contra el Duque de HIJAR, señor del pueblo, por su conducta patriótica, VILLARRUBIA tuvo un comportamiento ejemplar y e ningún momento se doblegó pese al trato inhumano que dieron lo invasores a los prisioneros hasta el 16 de marzo de 1813, fecha en la que el pueblo se libró definitivamente del yugo opresor con la salida de las tropas francesas.

VILLARRUBIA, insisto, no es un pueblo cualquiera. Basta leer, si no, el Episodio Nacional de Benito PÉREZ GALDOS que lleva por título "PRIM". La acción transcurre en 1864. El genera PRIM se había puesto a la cabeza del Partido Progresista que la postre supuso el f in del reinado de Isabel II. Por lo polvorientos caminos de La Mancha pasaban los sublevados en s huída hacia Portugal, entre tres fuegos y con tres aguerrido generales que les pisaban los talones. Y, atención, dice PÉREZ GALDOS: (los hombres) "llegaron a VILLARRUBIA DE LOS OJOS, lugar grande, cuyos moradores trabajan, tuercen y manipulan la ene para fondos de sillas y otros utensilios. Lugar bien abastecido de quesos, hogazas, corderos y otras materias nutritivas, y de añadidura el más liberal y expansivo de toda La Mancha". Fin de la cita.

Durante los minutos que llevo hablando he intentado refrescar la memoria sobre algunas tradiciones, usos y costumbres del pueblo, además de recordar algún hecho histórico de relieve. Cuán cierto es aquello de que agua pasada no mueve molino y por eso no estaría de más que sin abandonar nuestras raíces tuviéramos también el valor de pensar en el futuro. No soy de los que creen que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor porque la evocación de la nostalgia por sí misma puede convertirse en un mero ejercicio intelectual o de retórica. A punto de estrenar un nuevo siglo que se presenta apasionante, quisiera referirme también a los jóvenes de VILLARRUBIA de cuyo entusiasmo depende que todo lo que nos han legado nuestros mayores pueda ser transmitido a otras generaciones. Ser joven no ha sido fácil nunca. Ni en esta época ni en ninguna otra. Es ley de vida que resulten incomprendidos por ser portadores de esa maravillosa anhelada enfermedad que sólo el tiempo cura. En líneas generales la juventud de VILLARRUBIA tiene poco que envidiar a la de otro lugares de España. Está sometida a los mismos peligros y, siempre sin ánimo de generalizar, creo que podemos estar orgullosos de ellos. Saben divertirse pero también saben trabajar y estudiar. No hay más que mirar los partes de incidencias de cualquier fin de semana para comprobar que tenemos la suerte de vivir en un de los pueblos más tranquilos y sensatos de la provincia.

No quiero dejar pasar la ocasión sin referirme también a un extraña paradoja. Desde tiempo inmemorial la gente anhelaba 1 llegada de estos días de f ¡esta y jolgorio. Lentamente en lo últimos años se ha ido extendiendo la moda de abandonar el pueblo en la feria para disfrutar de las vacaciones en algún lugar d la costa junto a la playa. Invito desde aquí a nuestra autoridades municipales para que en la medida de su posibilidades trabajen todo el año con el fin de conseguir una f ¡estas atractivas que eviten la desbandada general. Invertir e cultura y espectáculos no siempre es cuestión de dinero, sino e la mayoría de los casos de imaginación, y creo sinceramente que algo se está moviendo en este sentido. La cultura no es cara ni barata, sino más bien un servicio esencial que cuando se aplica con cariño y eficacia resulta gratificante como pocos.

Termino ya. Debido a mi profesión de periodista de radio estoy demasiado acostumbrado a que mis palabras se las lleve el viento. Las últimas que pronuncie esta noche quiero que vaya directamente a lo más profundo de cada uno de ustedes y que las retengan allí durante mucho tiempo.

Hemos nacido aquí como podíamos haberío hecho en cualquier otro punto del planeta pero no hay, estoy seguro de ello, ningún otro lugar donde nos sintamos más a gusto que en esta tierra dura, luminosa, seca, y fronteriza, pero sobre todo agradecida.

Desde este sentimiento solidario quiero desear al pueblo unas felices fiestas,, felicitación que hago extensiva especialmente a todos aquellos, feriantes, camareros, policías municipales, barrenderos y empleados en general que seguirán al divertirnos.

Que la Virgen de la Sierra colme de paz y felicidad cada un de los hogares del pueblo durante estas fiestas y durante e resto del año.

Villarrubieras y villarrubieros, quedáis todos invitados participar en estas fiestas. Que la sana alegría, el bullicio el jolgorio y la armonía nos acompañen hasta el último cohete de la traca final.

Yo por mi parte no tengo nada más que decir, voy a ir recogiendo ya mis papeles porque como bien se dice aquí en un expresión que ha hecho fortuna, "estos señores tendrán que cenar y acostarse".

Muy buenas noches a todos y gracias por su atención. Hasta siempre.

 


PREGON DE FERIA

y

FIESTAS 1997

 

Félix Redondo Martín - Moreno

Queridos paisanos:

"No hay cosa que menos cueste ni valga más barata que los buenos comedimientos" , decía el hidalgo caballero que, sin haber existido, dio a conocer el nombre de La Mancha en todos los tiempos que tras sí vinieron y en los lugares más recónditos del planeta. Así que empezaré por dar las buenas noches a la concurrencia:

Sr. Alcalde, señoras y señores concejales, Reina y Damas de las fiestas : buenas noches. Buenas noches a hermandades, cofradías, asociaciones, penas, que sois la voz y el vehículo de la actividad social y cultural de nuestro pueblo. Buenas noches a todos : señoras y señores, villarrubieras y villarrubieros, mi más cordial y cariñoso saludo.

Queridos amigos :

Siguiendo al rescoldo de esa literatura tan nuestra que es ‘El Quijote" , me recuerda éste, que "decir gracias, y escribir donaires es de grandes ingenios’ ; y en otro sitio asevera que "de los desagradecidos está lleno el infierno’. A este menester del agradecimiento, por tanto, me permitiréis que dedique las primeras palabras, aunque con ello tenga que sacrificar cualquier indicio de originalidad.

Me siento muy honrado de todo corazón , y muy emocionado, por tener hoy el privilegio de dar las gracias públicamente a mi pueblo :

En primer lugar a mis padres que, como tantos villarrubieros, no escatimaron esfuerzos para dar a los hijos lo mejor que sabían y podían ; con ese amor que cada generación no comprende en su justa medida hasta que no nos encontramos, como ellos, con la delicada responsabilidad de educar a los nuestros.

Como a ellos, quiero agradecer su sacrificio y valor, digno de encomio, a todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo que tuvieron que regatear a la hambruna y sortear calamidades durante la postguerra, y que a pesar de la estrechez y austeridad con que les tocó resistir, hicieron de Villarrubia de los Ojos un sitio próspero en el que vivir con dignidad, e incluso me atreveré a decir, con desahogo . ojalá que dentro de algunas décadas, cuando nuestros hijos y nietos hagan inventario sobre lo que les dejamos, nosotros podamos tener la serenidad y el orgullo de haber hecho las cosas bien, de haber contribuido a la bonanza, a que esta tierra siga siendo, como decía de ella el mariscal de campo don Manuel Navacerrada, cuando corría el siglo XVIII, una de las villas entre las mejores de todo el reino.

Dicho esto, entiendo yo, que es ésta una tribuna en que una vez al año reconocemos juntos ese sentimiento profundo que nos identifica como villarrubieros. Pasamos revista a nuestra sencilla, y no por ello baladí, historia ; alabamos nuestras costumbres y ensalzamos nuestras virtudes cantamos ese paisaje, que ha sido nuestro particular Edén y en fin, con esta exaltación, a veces lisonjera, pero legítima, nos disponemos a pasar unos días de dicha y alegría, y a ser posible, de descanso de las tareas habituales.

Voy a comenzar por una circunstancia que siempre he entendido, por lo que contaban mis mayores, ha perjudicado o, como poco, no ha contribuido a que Villarrubia tuviera en su comarca y fuera de ella, la imagen y la valoración que le correspondía por su riqueza natural y por sus posibilidades de crecimiento industrial y económico. Me estoy refiriendo al hecho de que Villarrubia no haya sido atravesada por ninguna vía de comunicación importante. Tanto el trazado de carreteras como el ferrocarril nos condenaron, un poco, al aislamiento. Es sorprendente que en el informe que hace de nuestro pueblo el Cardenal Lorenzana en el año 1787, diga textualmente estas palabras : "...esta villa si estuviese en camino real no le faltaba circunstancia alguna para la estimación y renombre de la mejor, no sólo de la provincia sino también del reino..." y pasado poco más de un siglo, era un grande de la Literatura Universal, don Benito Pérez Galdós, quien suscribía lo dicho con alabanzas a nuestra tierra y sus moradores.

No seré yo quien niegue la evidencia de que el aislamiento geográfico ha podido restar proyección en otro tiempo ; pero si vemos la botella medio llena en lugar de verla medio vacía quizás esta adversidad ha hecho de Villarrubia una casa grande íntima, familiar. Nos ha hecho más auténticos, conservadores d lo nuestro, Sirva de muestra un botón : la peculiar manera d utilizar el lenguaje, la jerigonza villarrubiera. La que ora utiliza palabras arcaicas o en desuso; ora comienza frases que quedan truncadas sin sentido alguno, o con la certeza de que e de enfrente de sobra sabe lo que queremos decir. La que ora mantiene el significado justo contra la frecuente transgresora invasión de términos importados ; ora permite 1 resistencia que tienen muchas personas a pronuncia correctamente neologismos que aprenden de la radio o 1 televisión. ¡ Cómo renunciar a utilizar en nuestro entorno el " maque", el "ascuras", el "’ en ca", almuerzo" con sentido de desayuno, el " ¡has dicho pisto !" etc.

Posible es también, que esta incomunicación haya sido el parapeto que nos ha guarecido de precipitadas reformas, la cuales podían haber dado al traste con el principal extraordinariamente rico medio de vida, que es la agricultura.

Cuando se viene por la ahora Autovía Nacional IV, - es que conocen palmo a palmo los villarrubieros que con sus mano han levantado, durante una treintena de años, un cinturón d casas, edificios y urbanizaciones, que se ciñe sobre Madrid desde que se deja atrás Aranjuez, y salvando algunos manchones verdes como el de la Guardia, se divisa una panorámica desoladora de erial yermo. Tierra desapacible en invierno y de solanera en verano. Tristemente, es ese color parduzco y terroso, donde hasta el aire es insípido, lo que identifican como manchego los que desconocen’ La Mancha . Camino de Puerto Lápice se vislumbran a lo lejos las primeras lomas, y algo comienza a cambiar. Por fin, cuando la carretera obliga a hacer un giro para entrar en el desvío a Villarrubia de los ojos, no parece sino que el polvo cegador de las tolvaneras, no nos permitía ver claro. Hemos llegado a un oasis. ¡Existe La Mancha húmeda !.

Hemos llegado al encuentro con ese misceláneo paisaje tan nuestro, donde desde el gran acirate fronterizo que es la sierra, por sus cerros se escurren los jarales, olivares, encinares adehesados, hasta mezclarse con el viñedo colosal. Un manto verde de pámpanos, salpicado de quinterías blancas, que devora barbechos, huertas y sementera.

Hogaño empezó con nieve, y ya se sabe año de nieves, año de bienes". Ojalá la realidad no desmienta al refranero. Muchos de nuestros chicos, y no de los más pequeños, no la habían visto mas que en el cine , y hasta pocos meses antes, la pertinaz sequía nos hizo creer que el tiempo había cambiado definitivamente, cobrando fuerza esas teorías del cambio climático y del recalentamiento, sin freno, de la tierra.

Resultaba un espectáculo para los sentidos ver, como senderos y caminos que habían ocupado el curso de los arroyos, les devolvían su lecho natural y se escuchaba de nuevo el rumor del agua. La lluvia trajo con ella imágenes que no se veían desde la década de los setenta.

En el balcón de la Sierra Calderina, mirador sin par, desde donde la Patrona de la villa se asoma a la vasta planicie manchega, podíamos observar con embeleso, como antaño, el gran humedal de las Tablas del Cígüela, y los aguazales de la vega. Memoria de niñez me trae la figura de labradores que tenían labor en el cerro de Entrambasaguas y en invierno accedían a ellas utilizando barcas de pértiga, donde crecía abundante vegetación palustre y no era raro encontrar las huellas del jabalí o del lince ibérico que bajaba de los Montes de Toledo.

Yo sé, que a los más jóvenes, esto que cuento les debe parecer quimeras de archipámpano. No es así. La realidad es, que en menos de un cuarto de siglo, el sol y la aciaga ingeniería agrícola e hidráulica, han transformado aquel bucólico paraíso casi en un paisaje estepario. En los setenta el Guadiana aún movía molinos como el de Griñón o la Máquina, y parece que fue ayer, cuando nos sentábamos en el quiosco de Zudacorta a comer unos cangrejos.

El remate de esta historia trágica que traigo aquí a colación, no con ánimo de que la melancolía nos invada, sino para que el olvido no cercene nuestra memoria colectiva, llegó en 1985. Fue entonces cuando, en el lugar donde después de siete leguas de tinieblas, el Guadiana resucitaba a la luz amarilla de los marzales, nos quedábamos sin apellido. Los Ojos de la Villa - rrubia se secaban definitivamente. No acontecía esto por arte de Birlibirloque, sino por causa de la implantación de ciento cincuenta mil hectáreas de regadíos que han sido, a la postre, un fiasco económico.

Con los ojos, una retahíla de devanados recuerdos, colores, voces, música, olores, risas, juegos, proyectos...ardían como la yesca, bajo sus turberas.

Pero, no demos al diablo el hato y el garabato, que aunque para cada uno su tiempo vivido fue el mejor, hoy en Villarrubia, hay más posibilidades para todos que en ningún otro momento de nuestra historia.

Decía el controvertido, gran compositor y maestro de este siglo, A. Schönberg, que "lo único que es eterno es el cambio". Para esta alteración permanente de las personas y las cosas, que se da en todos los órdenes, hay que estar preparados. Unas veces se pierde, como en el cambio ecológico que acabo de relatar, y otras se gana, como el que se refiere a la calidad de vida de la que hoy gozan los vecinos de nuestra villa. Consentidme que haga es este punto breve narración del más cercano pasado, el que a mí me tocó consumir en la infancia feliz.

Hace apenas cuatro décadas se alumbraba a los niños en casa, asistidos por comadronas sin más instrucción que la experiencia. En las calles de tierra, con paloduz en la boca, los niños jugábamos al trompo, a la taba, a los cantos, al "rescatao" , o a las bolas, siempre al acecho por si algún zascandil armaba la zaragata llevándose lo que hubiera en el "gua", y hasta que la madre nos mandaba a por un cuartillo de leche con refacción o a por el bacalao a la tienda de abastos ; aprendíamos a montar en bicicleta con la de nuestros padres y por el genuino estilo de " debajo pata " ; íbamos a las Escuelas del Cristo saltando el arroyo e improvisábamos campos de fútbol en las eras. Por los caminos, los gañanes, de rostro bermejo por el sol y el ábrego, y seguidos de cerca por galgos enjuntos, cruzaban carros de lanza con yunta de mulas, remolques, carros de varas tirados por burro y algún tractor, En la panadería, cada pan llevaba el sello de la artera antes de pasar al horno. Y en el plantío, el labrador, con la mano en la esteva del arado, levantaba la gleba abriendo surcos más rectos que si estuvieran hechos con tiralíneas.

Cuando crecimos y los años nos obligaron a marchar de la escuela, tuvimos que abandonar Villarrubla por internados de Alcázar de San Juan, Almagro, Valdepeñas, Herencia, Ciudad Real y, sobre todo, hasta hace un par de años, el Instituto de Daimiel.

Cae por su peso, que este mundo, esta manera de vivir, aún tan cercana en el tiempo, ha quedado ya sólo para la glosa. Con la mecanización y modernización del campo y de toda la sociedad, contamos hoy los villarrubieros con más y mejores prestaciones, como son la mejora en la asistencia sanitaria, ayudas agrícolas, pensiones, etc. . o más fácil acceso a la cultura y educación, como lo prueba el que los jóvenes no tengan hoy que abandonar la casa familiar por algo tan básico como asistir al instituto de enseñanzas medias.

Hablando precisamente de educación y cultura:

En otras tribunas y medios locales, hemos recordado a menudo, los hechos más importantes de nuestra historia, y a las personas ilustres que tuvieron por cuna u hogar a Villarrubia. Hoy yo, no podría por menos que llamar la atención de este auditorio sobre una cualidad que se pasa por alto y que, si bien se da en otra partes, considero probado que en Villarrubia supera con mucha holgura la media. Me estoy refiriendo, a que por las venas de los villarrubieros, corre sangre de artistas. Muchos de ellos, de los mejores, si hubieran tenido posibilidades y medios para demostrarlo. Pintores, músicos, actores, escritores y poetas, que trabajan la tierra, o en la carpintería, o en la oficina , o en la brocha gorda, o en el aula , o en el andamio, o en la barra de un bar.

Sin duda, de estas actividades, la más popular ha sido el teatro. La afición a éste, ha hecho que en todo momento surgieran grupos, que con esmero y dedicación, mayor o menor fortuna, nos presentaban su puesta en escena. No podré olvidar una noche, en el patio del santuario de la Virgen de la Sierra, en la que asistimos a la recreación de la poesía, la música y el teatro renacentistas. El dramaturgo D. Lauro Olmo, que se encontraba entre los espectadores, de deshizo en elogios sobre el marco donde discurría el espectáculo, comparando este patio de la Virgen con el famosísimo Corral de Comedias de Almagro. El cuerpo de actores correspondía al grupo local "La Camisa" y lo musical corría a cargo de la Orquesta y Coro de Cámara "Ars Nova’ , dirigidos por el ciudarrealeño Sabas Calvillo, que sería más tarde director del Coro Nacional de España .

La actividad musical también ha ocupado, en el ocio de los villarrubieros, una parcela importante. Y siendo yo músico, me resulta especialmente gratificante el excelente momento por el que pasan la Banda Municipal de Villarrubia y el grupo de Coros y Danzas : aquella, dormida algunos años y gloriosa en otros, camina firme a cumplir la friolera de un siglo ; éste, divulgando, con jotas y fandangos, el folklore que se cantaba y bailaba en Villarrubia desde hace generaciones. Vaya para ellos la gratitud y apoyo que merecen, en un país donde se valoran poco las manifestaciones culturales de los pueblos, referencias del pasado, tan necesarias para seguir adelante.

Nunca faltaron voces cálidas y bien impostadas, acompañadas por rondallas de guitarras, laúdes, bandurrias y algún acordeón ; o voces que con sus cantos dan solemnidad a los actos religiosos como si fueran los cantorcicos y ministriles de antaño; o el ‘quejío" en la garganta del cante más hondo ; o solistas y grupos de la música moderna ; o la música coral, cuyo último representante fue el Coro de Cámara Xétar, que en su exigua existencia recorrió la provincia , y dio conciertos en Toledo y Madrid. En fin, que la música en Villarrubia siempre estuvo bien acompañada.

Tendré que ir acabando, que en tiempo de melones no hay sermones. Y yo he venido aquí, esta noche, de muñidor del pueblo, a darles aviso a todos, que de parte del Señor Alcalde, esta villa celebrará su Feria y Fiestas en honor de la Santísima Virgen de la Sierra, del ocho al doce de los corrientes. Y con la misma voz con que me gano el pan de cada día, lo pregono desde el Cordón a la Soledad, desde la calle del Convento y Santa Ana a la Hontanilla, desde el Altillo al Caño de Arriba. Y en la Glorieta, que ya están poniendo los banderines y las luces de colores, y en el Alto Palacio, en la calle del Tirante, y en la Grande y en la Empedrada ... y por todos los rincones de esta Villarrubia de los ojos del Guadiana, otrora espejo y luz de la comarca. Se enterarán de sobra por el triguitraque de cañonazos, tambores y cornetas, repique de campanas y fuegos de artificio. Las villarrubieras del moño compuesto, vestirán sus mejores sayas y encajes, lucirán sus alhajas : oros, platas y azabaches. Los villarrubieros, la camisa de tirilla, pantalón de pana y la lonera más nueva. Habrá concursos , y competiciones, y toros, y baile ... y también un rato para acordarse, delante de la Virgen, de los seres queridos que este año comparten nuestra alegría desde allá arriba ; y de los enfermos ; y de los que no han podido venir, que sentirán que ninguna belleza puede compensar de la ausencia de su tierra.

Así pues, queda cumplido mi encargo. Están todos convidados a estos días de festejos. Suyos son, que bien ganados los tienen. Marcada la anacrusa de la fiesta, yo no debo ocupar ni un minuto más. Les deseo una Feria muy feliz. Muchas gracias por su atención .

Villarrubieras y villarrubieros,

queridos paisanos y amigos:

¡Viva la Virgen de la Sierra ¡

¡Viva Villarrubía de los ojos!

Cinco de Septiembre de mil novecientos noventa y siete.

Félix Redondo Martín - Moreno

 


PREGON DE FERIA

y

FIESTAS 2004

Buenas noches, Villarrubia,

Según cuentan viejas leyendas griegas, Ulises en los 20 años que estuvo alejado de Ítaca, su hogar, siempre tuvo presente su tierra, su gente, su familia y la idea de volver a casa. Villarrubia es para mí esa Ítaca siempre soñada que te embauca y te hace a la vez admirador y esclavo.

Muchos son los que al igual que el milenario héroe clásico regresan hoy a casa para disfrutar de lo que secretamente han ansiado durante todo un año: encontrarse con los suyos y consigo mismos. Porque son las raíces las que nos hacen ser como somos y las que nos identifican allá donde vamos.

Ser de Villarrubia significa tener en sangre algo de vid y olivo, gozar de forma innata de una inimitable capacidad para el trabajo, tener un peculiar acento que tiene poco de manchego y mucho de andaluz y ser fiel a la tierra que nos dio cobijo. Algo debe de tener Villarrubia para que todos regresemos de una forma u otra, algo debe de tener Villarrubia para que cientos de obreros recorran cada día 300 kilómetros sólo para dormir en casa, algo debe de tener esta tierra que explique su resistencia al tiempo y su increíble longevidad .

Efectivamente, nuestra villa no ha sucumbido a la desaparición como otras poblaciones vecinas, como anteriormente fueron Xétar, Renales, Lote, ( hoy sólo difusos nombres que acogen nuestros viñedos) y cuyos habitantes, tras la despoblación vinieron a Villarrubia atraídos por su abundancia de agua y su ubicación en las faldas de la montaña. En nuestro pueblo se han superado a lo largo de los siglos numerosos sinsabores: hemos soportado la invasión árabe, la reconquista, la expulsión de los moriscos que nos dejó sumidos en una grave crisis económica, hemos luchado contra pestes, hambrunas, sequías y siempre hemos resurgido de nuestras cenizas como el Ave Fénix; tal vez sea por esa extraña constancia y terquedad nuestra que nos caracteriza.

El máximo valor de esta tierra es su gente.

Los hombres de Villarrubia son conocidos en la región por ser esforzados y muy trabajadores. Es admirable la capacidad de nuestros agricultores de hacer fértil una tierra árida y de trabajar de sol a sol para recoger un fruto que a veces no siempre compensa el esfuerzo realizado. El campo es un trabajo muy duro y muchas son las incertidumbres y preocupaciones que sacuden diariamente a un agricultor. ¿Cuántas veces habrán mirando al cielo o habrán consultado las noticias del tiempo? Aún así a nuestros hombres de campo nunca les ha intimidado una mala cosecha, ellos cada año cuidan la tierra como si fuese el último y sacan de ella el mejor partido.

Pero el mejor ejemplo de sacrificio lo representa el albañil villarrubiero. Me gustaría hoy deshacerme en elogios para esta insólita raza de hombres que , como mi padre, han restado a su cuerpo muchas horas de sueño y han cargado sobre él los efectos de un largo viaje diario sólo para buscar el pan. Gracias, padre, por tu callada entrega.

El ámbito en el que más ha evolucionado Villarrubia es el de la mujer. Atrás quedan ya esos años en los que la mujer ejercía la misma labor que el hombre pero recibía un sueldo inferior o aquellos más cercanos en los que no podía estudiar por miedo a la crítica social. ¡Menudas son ahora las mujeres villarrubieras! Tenemos mujeres que trabajan, que estudian, amas de casa que hacen cursos de formación, que viajan, que cuidan de los niños y a veces, todas las cosas al mismo tiempo. Desde luego hemos conseguido muchos logros, pero todavía nos queda una ardua batalla por librar: la de hacer que se valore en su justa medida la labor del ama de casa ( que desarrolla un trabajo de continua jornada intensiva y sin días de descanso) y sobre todo la de conseguir que el hombre colabore un poco más en las tareas del hogar. Hablando de amas de casa, aprovecho la ocasión para darte las gracias, madre por haberme inculcado ese carácter tuyo de mujer luchadora y por esa pasión inconmesurable que repartes a tus tres hijas.

Tanto en los hombres como en las mujeres de Villarrubia observamos una cualidad común: el más absoluto desvelo por los hijos. Este año he podido observar por mi condición de profesora cómo los padres luchan por encauzar a sus hijos, darles una educación que a ellos se les negó y ofrecerles un trabajo más cómodo. Yo he tenido la suerte de enseñar y conocer a vuestros hijos y puedo afirmar, sin lugar a equivocarme, que aunque a veces son rebeldes y testarudos, son muy merecedores de nuestro sacrificio, pues hay en sus profundidades más nobleza que rebeldía.

Una de las cualidades más sobresalientes de este pueblo es la solidaridad y la unión en los momentos críticos. Muchos son los datos que refuerzan esta afirmación, pero a mí me llaman particularmente la atención dos:

  • El primero hace referencia a un hecho acaecido en las ferias de 1891 cuando una terrible inundación devastó más de la mitad de Consuegra provocando centenares de muertos. La riada arrastró infinidad de muebles, animales y cadáveres humanos que quedaron estancados en la vega de villarrubia de los Ojos. Los vecinos de Villarrubia olvidaron su propia desgracia -ya que la inundación había afectado también a nuestro pueblo asolando las cosechas- y se volcaron en ayudar a la localidad vecina proporcionando víveres y ropa, limpiando calles y casas y enterrando a sus muertos. Mucho se habló esos días del coraje de Villarrubia de los Ojos a la que algún que otro periódico califica de “La Villa de la caridad”.
  • El segundo caso de ejemplaridad villarrubiera tuvo lugar este mismo año tras los atentados del 11 de marzo en Madrid. Durante las primeras horas de este funesto día el sentimiento más común fue el de la angustia y nerviosismo, pues todos tenemos en la capital algún padre, hermano, hijo o amigo. Aunque parecía increíble, comprobamos con alivio que ningún villarrubiero se había visto afectado. Fue entonces cuando los nervios dejaron paso a la indignación y la repulsa que fueron manifestados de forma unánime por todo el pueblo: niños, jóvenes, familias enteras salieron aquel día a la calle desafiando a la lluvia para unirse al clamor madrileño. Pudo ser probablemente una de las mayores manifestaciones de esta villa que demostraron una vez más que la gente de villarrubia no permanece impasible ante el sufrimiento ajeno y que está siempre unida ante la adversidad.

Pero vamos a dejarnos de tristezas para centrarnos en lo que nos une hoy aquí estos días: la celebración de las ferias en honor a nuestra patrona, La virgen de la Sierra.

Aunque en estos tiempos pueda parecer extraño, los antepasados villarrubieros lucharon mucho para conseguir el beneplácito exclusivo de nuestra virgen. No es de extrañar puesto que los milagros de la Virgen de la Sierra suscitaban tal devoción que a su santuario acudían desde tiempo inmemorial trece villas con sus votos y ofrendas. El santurario de nuestra virgen perteneció en su origen a Xétar, una pequeña población vecina que acabó desapareciendo, provocando con su desaparición un conflicto entre Daimiel y Villarrubia por la posesión de la ermita. Hasta tal punto llegaron las disputas entre ambos pueblos que el 7 de septiembre de 1554, estando los vecinos de Villarrubia en el santuario celebrando sus fiestas, se presentó el comendador de Daimiel acompañado de muchos daimieleños exigiendo, bajo la presión de las armas, tener la jurisdicción de la ermita, pues según ellos estaba dentro de su término municipal. Después de este suceso, hubieron de transcurrir 12 años para que los villarrubieros demostráramos legalmente que el santuario nos pertenecía.

Otros relatos orales nos dan cuenta de una lejana rivalidad entre Fuente el Fresno y Villarrubia por la imagen de la Virgen. Estas historias, ciertas o no, nos dicen que la propia virgen se decantó por los villarrubieros , ya que cuando los fuenteros pretendían llevársela pesaba como el plomo y no la podían mover, mientras que se mostraba ligera cuando eran los de Villarrubia los que la portaban a hombros.

Sea como fuere es indiscutible que Villarrubia se desvive por su Virgen. Una prueba de ello es la numerosa afluencia de villarrubieros en las idas y venidas de la Virgen de la Sierra al pueblo. Esta situación contrasta notablemente con lo sucedido excepcionalmente un año, hace poco más de un siglo, cuando nuestra Virgen se disponía a venir a Villarrubia. Bien sea por descuido de nuestros paisanos o por condiciones climáticas adversas, quién sabe, lo cierto es que en esta ocasión sólo cuatro hombres y el cura se habían presentado para traer a Nuestra Señora. Al principio el párroco intentó convencer a los cuatro asistentes de que era mejor dejar la hazaña para otro día en el que hubiera más gente, pero nuestros cuatro hombres haciendo alarde de la ya mencionada terquedad y valentía villarrubiera , se negaron rotundamente diciendo que eran capaces de llevarla ellos solos (si el sacerdote les ayudaba, claro). El cura que no era menos terco ni menos valiente que estos cuatro devotos se unió a la proeza de llevar a la Virgen. Cuando los cinco estaban acercándose al canto, un grupo de hombres que venían de refresco pretendían relevar al quinteto, pero el párroco, visiblemente encolerizado, les dijo que “si habían llegado solos hasta allí, solos iban a continuar hasta el final. Y así fue cómo nuestros cinco anónimos valientes trajeron a la Virgen sin la ayuda de nadie hasta el mismo altar...aunque, todo hay que decirlo, después tuvieron que guardar cama durante más de una semana.

Esta anécdota ilustra a la perfección hasta qué punto es capaz de llegar un villarrubiero por su Virgen. Nuestra devoción a la Virgen de la Sierra es centenaria; muchas ferias y romerías se han celebrado en su honor y muchas quedan aún por festejarse.

Esta noche estamos a las puertas de una nueva feria. Villarrubia se engalana de luces, fuegos artificiales y mujeres bellas y nos ofrece el dulce néctar de la diversión y el júbilo.

Este pregón de ferias va ya rayando a su fin, pero no me gustaría despedirme sin mostrar mi gratitud :

  • Al Ayuntamiento que me ha brindado la posibilidad de expresarme hoy aquí,
  • A mis compañeros de trabajo que me han ofrecido siempre su inestimable ayuda y amistad
  • A mi pareja que me ha apoyado en todo lo que he hecho
  • A mis alumnos que me han enseñado mucho
  • y a mi familia que me lo ha enseñado todo.

Sólo me queda daos las gracias por escucharme y por dejar que manifieste mi admiración a esta tierra y deseaos con toda sinceridad unas merecidas y felices fiestas.

Muchas gracias y buenas noches.

Villarrubia de los Ojos, 6 de septiembre de 2004

SOLEDAD MARTÍN-MORENO NAVARRO


PREGÓN DE LA FERIA Y FIESTAS 2006

EN HONOR A NUESTRA SEÑORA DE LA SIERRA

VILLARRUBIA DE LOS OJOS 

6 de septiembre de 2006

“Si a la Virgen de la Sierra
se la llevan a Madrid,
todos los villarrubieros
nos vamos allí a vivir.
Nos vamos a allí a vivir,
si a la Virgen de la Sierra”.

            Muy buenas noches:

            Señor Alcalde, Concejales, Reinas y Damas, pueblo de Villarrubia de los Ojos y personas que nos visitan en estos días de feria.

            Nada mejor que comenzar el pregón que anuncia nuestras fiestas con un cántico manchego en honor a nuestra Patrona y agradeciendo, de antemano, a las personas que han colaborado conmigo para que esta noche el pregón sea una realidad.

            Cuando hace unos meses Ana, nuestra Concejal de Cultura, me propuso ser el pregonero de nuestra feria este año, no dudé en aceptar, pues se me presentaba la oportunidad de dirigirme a vosotros para pregonaros, para anunciaros el comienzo de una nueva feria en honor a la Virgen de la Sierra.

            Bien es cierto que no reúno ningún mérito especial. En realidad el pregón lo puede hacer cualquiera que sienta los colores de esta bandera, que son dos: pasión sincera por Villarrubia de los Ojos y fe auténtica en su Patrona. Aún así, nunca me he visto en el aprieto de dirigirme al auditorio más difícil de convencer, el de mis vecinos y paisanos, a vosotros, que me conocéis de toda la vida. En fin, que mi fe en la Virgen de la Sierra y el deseo de dirigirme a mi pueblo inclinaron desde el principio la balanza para que aceptara este reto.
           
            La verdad es que no es tarea fácil resumir en pocos minutos lo que significan la Virgen de la Sierra y su feria para todos los villarrubieros y para todos los que llevan a Villarrubia en el corazón.

            Lo cierto es que para nosotros el 8 de septiembre no es una fecha cualquiera en el calendario, un día más. Para nosotros el 8 de septiembre es una cifra perfecta, el momento más importante que corona el ciclo vital de este pueblo, un día mágico para todos los que un día vimos la luz por primera vez aquí.

            Pensaba en el silencio de estas noches qué contaros, y lo fácil que sería gritar cuatro vivas a la Virgen y al pueblo, pero creo que eso es algo que ya se ha repetido otros años. Tampoco pretendo haceros un pregón histórico, pues no voy a venir yo a hablaros de nuestra propia historia, tantas veces oída a nuestros mayores. Yo quiero que mi pregón salga del alma, porque en el alma llevo a mi pueblo:

“La Mancha
se llena de ojos en Villarrubia
y su faz mira a los campos
desde los Montes de Toledo,
humillando a Polifemo
en la llanura parda
a golpes de sarmientos y olivares.

El Guadiana
trepa por los juncos de Las Tablas
para ver a sus hijos,
el Záncara y el Gigüela
jugando al escondite,
como él aprendió en Ruidera,
intentado, con pena,
limpiarse con un pañuelo de rocío
las lágrimas que ya no brotan de sus ojos.

Al llegar septiembre,
la Virgen de la Sierra
le echa un pulso de amor
a la Virgen de las Cruces.

Y los villarrubieros
sueltan la jota y la seguidilla
para que bailen en las plazas
las grandes, las mozas y las chiquillas.

La Mancha es verde,
color cabal,
novia del trigo
y del azafrán.

Rubia es mi villa,
negros los toros.
El cuerpo de mi moza.
de azúcar y oro.

Para bailar manchegas
se necesitan,
¡ay, Virgen de la Sierra, la más bonita!
Se necesitan
los pies de mi zagala y unas postizas.

La Mancha se acicala de novia
mientras espera al río.

Pero el Guadiana,
como es travieso
al salir en los Ojos,
le roba un beso.

Y Villarrubia,
niña y vergüenza,
se esconde en los Balconcillos,
se va a la sierra.

Yo me invento sus bodas
con la leyenda
de un villarrubiero hecho agua
que enamoró a la tierra”.

 

            ¡Qué grande es ser o sentirse de un pueblo! ¡Qué orgullo tener un pueblo en el que sentir las raíces! ¡Qué grande es ser de Villarrubia de los Ojos! Suelo presumir, allá por donde voy, de mi pueblo, de sus gentes y de sus costumbres:

 

“Tres cosas tiene Villarrubia
que nos las tiene Madrid:
la Hontanilla, el Caño Arriba
y el Cerrojillo Quintín,
y el Cerrojillo Quintín.
Tres cosas tiene Villarrubia”.

 

            Os decía que no voy a hablaros de nuestra historia, que ésa ya la conocéis, pero cómo no hacer mención a nuestro pasado. Basta con hacer un hoyo en la tierra para plantar una parra y aparecerán restos del pasado más remoto del que nos podemos sentir orgullosos.

            Si Villarrubia de los Ojos es un pueblo grande no es por el número de habitantes, que haberlos haylos y muchos, que no sólo somos los que vivimos aquí, sino los que se encuentran repartidos por todo el mundo. Villarrubia de los Ojos es un pueblo grande por sus gentes. Hombres gallardos, esforzados trabajadores que acuden puntuales a su cita diaria al alba con el campo, a arrancar de las parras con el sudor de su frente y los callos de sus manos los mejores vinos de los alrededores y a extraer de los olivos centenarios el mejor aceite de los contornos. Hombres que madrugan y abandonan estoicamente sus hogares día tras día para marchar a Madrid, recorriendo cada madrugada los ciento cincuenta hitos que nos separan, para perderse en la maraña de sus calles, día tras día, año tras año, vida tras vida, arrancando de la masa ingrata y del peligroso andamio la jornada diaria para poder traer, orgullosos de su esfuerzo y de su cansancio, el pan de su familia cada noche.

            Pero Villarrubia de los Ojos no se queda sola durante el día; quedan sus jóvenes, quienes se mezclan, cada mañana, en la vida cotidiana de la escuela y del instituto. Y quedan sus mujeres. ¡Qué os voy a decir yo de las mujeres de nuestro pueblo que no sepáis ya! Que son valientes, trabajadoras, alegres, buenas consejeras y mejores madres y esposas. Siempre esperando con una sonrisa fiel al marido que partió por la mañana o al hijo que regresa de la escuela: el mejor regalo que cualquiera puede esperar a cambio de nada:

            “¡Qué viene el pan! ¿Quién se ha muerto hoy qué he oído tocar esta mañana? Tenemos que ir a la plaza tempranico que si no, allí te eternizas...”

            Y esa faena tan manchega, tan villarrubiera de barrer las calles, casi al alba,  para dejarlas como los “chorros del oro”, o ir al médico “prontico”, “no sea que luego te den la vez para muy tarde”, por lo que se echa mano del abuelo, del padre o del tío, que se siguen levantando temprano y defienden con uñas y dientes el turno que les toque:

“En las tardes de estío
se mece el trigo,
como alfombra dorada
bajo un molino.

Yo los contemplo.
Yo los contemplo.
Y parecen decirme que están contentos.

Así es mi tierra.
Así es La Mancha:
tierra de hombres valientes
y mozas guapas.

Así es mi tierra.
Así es La Mancha:
tierra de hombres valientes
y mozas guapas”.

            Pero si hay algo típico de nuestro pueblo son las expresiones y el acento de nuestro lenguaje. Si oyes que alguno dice: “Ay chiquete”o se dice que uno “está varuto” o simplemente que “está ralenco”, o escuchas esta conversación: “¿ande vas? Viá a la Fuente las Pozas a espuntar una mieja el piquejo que la tocao a la mujer”. No hay duda: son de Villarrubia.

            Otro rasgo interesante de nuestro pueblo es que no hace falta ni catastro de rústica ni padrón. Catastro de rústica porque cualquier agricultor tiene el término de Villarrubia en la cabeza, algo que siempre me ha maravillado. Uno le pregunta a su padre de quién es un plantío y te dice que de fulano, que se lo compró a mengano... Y no sólo te informa de quién es el dueño, sino de las situaciones litigiosas (“que si esos dos hermanos no se entienden para hacer la partición, que si fulano ha plantao un líneo en mitá de la “hermanta” y no ha dejao luces...”). Es algo que tiene un mérito extraordinario, sobre todo, si se tiene en cuenta la extensión de nuestro término.

            ¿Y padrón?¡Tampoco hace falta! Todo el mundo se conoce y es fácil establecer todos los parentescos. Y no sabéis el valor que eso tiene. En una ciudad puedes estar viviendo cuarenta años en un piso y no conoces al que vive en la otra escalera. Y aquí se sabe todo: “de quién es ése, con quién se casó, de qué quinta es, cuántos hijos tiene, que si se ha ido a vivir a tal sitio, etc”. Y lo que tiene más mérito es que para mantener ese extraordinario padrón en la cabeza no hacen falta los apellidos, sino que se opera por medio de apodos, lo que singulariza para siempre a un miembro entre la comunidad villarrubiera. Si un forastero viniese preguntando por Jesús Manuel Plana, seguro que muchos dudarían en indicarles mi casa, pero si ese forastero pregunta por “el chico de la Elo la de Potrilla y de Bienve el de Plana, o por el yerno de Pepe el de Conchinchino y de la Conchi la del Sordito”, seguro que todo el mundo le dirá donde vivo.

            ¡Y cómo no, Villarrubia de los Ojos es conocida por sus fiestas y sus costumbres populares!:

“Para San Antón,
las cinco y con sol”.

            La más tempranera en el tiempo es la de San Antón. Atrás han quedado estampas ligadas a esta fiesta, como la del popular gorrino, que corría suelto por las calles del pueblo. O la de las hogueras, aún hoy vigente, que busca la protección del Santo para nuestros animales.

            Otras fiestas se celebraban en nuestro pueblo entre enero y febrero, como la de San Sebastián o la de San Blas, los llamados “Santos Viejos”, y que el transcurso de los siglos ha ido dejando por el camino.

            Nuestra tradición carnavalesca es de sobra conocida. Por decenas se cuentan las personas que participan en las peñas y murgas que aquí se forman y que, con diversión, preparan sus trajes en las fechas próximas a esos días de febrero.

            Y tras la algarabía y el bullicio del Carnaval llega el recogimiento y el silencio de la Señora Cuaresma y de la Semana Santa. Verdes, Moraos y Blancos se afanan para que el Misterio de la Muerte y Resurrección de Cristo sea vivido de manera intensa, sea visto a través de sinceros “ojos de pasión”:

“Madrugá de Viernes Santo,
semana de primavera,
de luto negro y morao
se ha vestido la plazuela.

Madrugá de Viernes Santo,
de angustia y luna llena,
cuando los ojos llorosos
bajan cargados de pena.

Madrugá de Viernes Santo,
después de la noche serena,
las túnicas blancas, verdes y moradas
alumbras por las callejas.

Madrugá de Viernes Santo,
de mantillas y peinetas,
de penitentes descalzos
que van cumpliendo promesa.
Madrugá de Viernes Santo,
¡ay madrugá si te vieran,
los que nacieron en esta tierra
y marcharon a tierra ajena,
los que bordaron en sus trajes
colores de primavera,
los que murieron pensando
volver de nuevo a su tierra!

Madrugá de Viernes Santo,
ya se escucha la saeta;
saeta de fina voz,
de garganta dura y vieja.
Desde lo alto de un balcón
el viento la trae y la lleva.

Madrugá de Viernes Santo,
¡ay madrugá de mi tierra!”


            Termina la Semana Santa con la romería en la Virgen de la Sierra el Lunes de Resurrección, y con ella acaba el recogimiento propio de estos días. Y llega mayo:

“Mayo, mayo, mayo,
bienvenido seas,
por esos caminos y aquellas veredas.
Mayo, mayo, mayo,
bienvenido seas,
con ramos y flores
a la Virgen bella.

Vamos, pues, a comenzar,
cuando se acabe este día,
a dedicarle este mayo
a nuestra Virgen María.
A dedicarle este mayo,
a nuestra Virgen María.

Mayo, mayo, mayo,
bienvenido seas,
por esos caminos y aquellas veredas.
Mayo, mayo, mayo,
bienvenido seas,
con ramos y flores
a la Virgen bella”.

            Y con mayo nace la primavera. El campo se viste de verde y estalla el olor a hierba en nuestra vega. Las golondrinas nos anuncian la llegada de nuevas fiestas: la Cruz de Mayo y San Isidro. En la primera hay que preparar para comerse el hornazo y cascar el huevo en la frente del amigo, del vecino o del hermano. Las madres y las abuelas compran esta típica torta para que en su día los villarrubieros nos la comamos, desde hace ya más de cuatro siglos, en la ermita de San Cristóbal, testigo callado de la historia de este pueblo, que, desde su cerro, se levanta como majestuoso guardián de la villa. Y San Isidro, patrón de los agricultores, no podía por menos que ser festejado en Villarrubia de los Ojos, en donde el trabajo de sus hombres y mujeres saca a la luz lo mejor de la tierra:

“San Isidro bendito y hermoso
en ti confiamos.
Todos los agricultores te queremos mucho;
todos te glorificamos.

Llevas tus benditas manos sujetas al arado y colmadas de bendiciones,
que Tú repartes con gracia cuando, en procesión, recorres nuestras calles,
entre nuestros campos y nuestros corazones”.

            Con el mes de las flores los agricultores siembran la tierra para que en el tiempo del estío nos dé el trigo o la cebada. ¡Qué lejos han quedado ya los años en los que nuestros hombres se iban a segar a Guadalajara o a Segovia!:

“ Prepará tiene que ser
prepará tiene que ser,
la tierra para sembrarla,
y la mujer para el hombre,
morenita y resalada,
prepará tiene que ser”.

          Y no podía terminar mayo, mes de la Virgen por excelencia, con una nueva romería en honor a la Virgen Morena en su santuario.

            Pero frente al desarraigo de los siglos, el devenir de los tiempos ha traído consigo la aparición o el resurgimiento de otras costumbres en junio que, poco a poco, van calando en nuestro pequeño mundo. Así tenemos el Día del Señor, cuya procesión, impulsada desde la Parroquia y a hombros el Cuerpo de Cristo de los costaleros y costaleras de las Hermandades de Pasión, recorre nuestras calles cada año mejor engalanadas. O la sencilla y para muchos desconocida procesión de la Octava, hecha desde hace más de cien años para que las Monjas Clarisas pudiesen ver a través de las celosías de su clausura la presencia real de Cristo por las calles aledañas a su convento.

            El mes de julio nos trae los calores estivales y nuevas fiestas que, hasta hace poco, no existían en la mente ni en el corazón de nuestro pueblo. A comienzos del mes tenemos la Semana Cultural de San Cristóbal, dedicada a todos los conductores de la localidad; una semana repleta de actos que honran al Patrón de los caminantes, que culmina con su subida a la ermita en caravana de vehículos. ¡Cómo cambian los tiempos! Ahora los coches han sustituido a los grupos de niños y mujeres que subían andando por la sendilla a pedirle agua al Santo en épocas de sequía, brotando de sus labios la plegaria popular aprendida de sus ancestros:

“San Cristobalillo,
San Cristobalón,
mándanos el agua,
 por el amor de Dios.”

            Y la Virgen del Carmen, con su más que flamante y recién creada Hermandad, que ha calado hondo en el pueblo:

“Salve, del Carmen Estrella,
Salve, Madre sagrada
de Dios y siempre Virgen,
de doce soles coronada.

Junto a Ti, al caer la tarde
y cansados de nuestra labor,
te ofrecemos, Virgen del Carmen,
el trabajo, el descanso, el amor.

Libra Virgen del Carmen
a Villarrubia de todo peligro.
Protege a los villarrubieros y
llévalos por buen camino.”

            Y junto a estas costumbres hay otras en pleno apogeo entre la gente más joven, como son las tradicionales traídas, a finales de agosto, o llevadas, a mediados de noviembre, de la Virgen de la Sierra, en las que, año tras año, repitiéndose la historia, los mozos y mozas llevan al trote a nuestra Virgen Manchega los doce kilómetros que median entre el pueblo y su santuario.

            Octubre pasa desapercibido en nuestros hogares, cuyo ritmo de vida ordinario tan sólo es alterado por los días de la vendimia que ya acaba y que, sin lugar a dudas, es la faena agrícola por excelencia de los villarrubieros:

“Yo nací, de La Mancha... en un lugar;
mi cuna... ¡Villarrubia de los Ojos!
¡Edén donde la tierra parió antojos,
novios, uvas y sudor en el lagar!

Viví las peripecias de un hogar
en años con escasez y despojos
a saber engullirme los enojos,
con una madre coraje que sólo ha sabido trabajar.

Caló mi piel y hasta mis huesos
el sabio convivir de mis mayores,
que en los días de vendimia
se curtieron con sus soles.

¡Manchegos somos!¡Los mejores!
¡Por furia, trabajo y por ser eso!:
¡Villarrubieros!¡Sanchos! y ¡Señores!”

“Venimos de vendimiar
del plantío de mi abuelo
y no nos quieren pagar,
porque hemos roto un puchero,
porque hemos roto un puchero.
Venimos de vendimiar”.

            Noviembre empieza con la buena costumbre de honrar a nuestros difuntos el Día de Todos los Santos en el cementerio y nos deja escenas como la de las mujeres con su cubo bajo el brazo camino de nuestra última morada las jornadas previas al día 1, a buen seguro impresas en la retina de muchos de los presentes.

No se pueden pasar por alto otras tradiciones populares que el correr de los tiempos modernos ha aminorado o ha hecho desaparecer, como las hogueras de Santa Lucía, hechas con las gavillas que los chiquillos del pueblo recogían pidiendo casa por casa y que esa noche prendían en sus puertas los vecinos pidiendo, con su humo, a la Santa, la protección de sus ojos, o simplemente como pretexto para reunirse y compartir lo poco que tenían. Y aunque diciembre las haya enterrado en el olvido, todavía permanecen en la memoria. Cerramos el año con la recogida de la aceituna, fruto que en nuestra Cooperativa o en los demás molinos se convierte en el oro de La Mancha, y con la Navidad, tiempo entrañable para niños y mayores, que, con júbilo, celebramos el nacimiento de Jesús en un portal en Belén:

“San José carpintea,
la Virgen teje,
y elNiño hace madejas
de seda verde.

Pero como este juego
le está cansando,
está haciendo pucheros
y está llorando.

Y yo que soy manchega,
vengo a cantarle
seguidillas manchegas
para adorarle”.

            Pero sin duda la vida de Villarrubia de los Ojos gira en torno a la feria y a la Virgen de la Sierra. Hablan los entendidos del enorme valor cinegético de nuestros montes. Y no lo pongo en duda. Pero tampoco dudo que tenemos en ellos una perla mucho más preciada para todos los villarrubieros: nuestra Virgen de la Sierra, la más ilustre moradora de este pueblo, quien, con su mirada dulce de madre y hermana, escucha y vela por cada uno de sus hijos, los villarrubieros.

            Y hablar de nuestra feria supone hablar de nuestras raíces, nuestras señas de identidad. Y hablar de raíces supone cantar nuestro folclore, el manchego. No olvidemos nunca lo que somos, no perdamos el norte, que no nos invadan las modas de otros bailes. ¿Acaso en Sevilla han pensado en bailar jotas manchegas alguna vez?:

“Nombre: mi apellido Fandango,
Villarrubia es mi nombre.
Si acaso me estás buscando
pregunta a quien me conoce
o te lo digo cantando.

Fandango, Fandango de Villarrubia
por bandera te llevamos
y por toda España entera,
con alegría te cantamos;
orgullo de nuestra tierra.”

            ¡Virgen de la Sierra, Virgen de la Sierra! ¡Cuántas veces serás nombrada a lo largo del día por la boca de tantos y tantos hijos del pueblo! Y de manera especial en estas fechas, cita obligada para los lugareños por muy lejos que se encuentren de su patria chica.

            Y es que las fiestas de la Virgen de la Sierra, con los estudiantes rezagados en plenos exámenes, con los agricultores en plena faena agrícola, preparando ya los días que se avecinan: la vendimia, y con la construcción a pleno rendimiento son, sin lugar a dudas, el motivo de reunión de todos los villarrubieros y de los que, sin serlo, se sienten completamente unidos a los que lo somos.

            A Ti, Virgen de la Sierra, te agradecemos el placer de reunirnos cada 8 de septiembre. Sin embargo, este año habrá algunos que con un dolor intenso en su alma no podrán acompañarte por estar muy lejos, y otros que a lo largo de estos meses se habrán reunido contigo y que este año vivirán la feria de forma muy distinta junto a Ti. Vaya para unos y para otros nuestro más emocionado recuerdo.

            Es ahora, en septiembre, cuando las calles del pueblo, en otro tiempo de tierra y empedradas, hoy asfaltadas e iluminadas, se ponen su traje más bonito, el preparado para la feria, porque las luces pueblan Villarrubia de los Ojos. El ruido, en otro tiempo de los cascos de las mulas y las lanzas de los arados, hoy sustituidos gracias al progreso por el de tractores y coches, se acrecentará estos días convirtiéndose en portavoz de la nueva feria que llega. Y los gañanes y las mozas de antaño, hoy transformados en la gente joven de Villarrubia, que siente, estudia, trabaja o lucha para ver cumplidos sus sueños e ilusiones, harán con su bullicio que la feria en honor a la Virgen de la Sierra cada año sea única:

“Con tu pureza, Madre,
que no se puede comparar,
de la tierra la más grande,
ni la belleza del mar.

Mucho más pura que de los solitarios
la más casta soledad,
más que el fulgor de los rayos,
de la ronca tempestad.

Más pura eres, Virgen de la Sierra, que las flores malvas
del precioso romeral,
más que las cumbres nevadas,
más que el beso maternal.

Más pura que la plata
o el más preciado metal.
Más que las cristalinas aguas
que brotan de tu manantial.

Todo lo que aquí es grandeza
y signo de majestad,
es bien pequeño en pureza, Virgen de la Sierra,
ante tu divina majestad”.

           
            Y Villarrubia se acicala como chica joven estos días de feria. Y Villarrubia, que no olvida sus raíces, se pone su traje de manchega para cantar a su Virgen. Y hasta la calle de la Soledad, la calle Jijones, la Glorieta del Pato, la calle Santa Ana, la Ermita de San Cristóbal, el Parque de la Paz, la Plaza de la Constitución, la Avenida de la Virgen, la Hontanilla, el Paseo del Cordón, la Avenida del Carmen o la del Cristo, el Caño Arriba o la Iglesia parecen otras.

            Y la Asociación de Mujeres “Afammer”, y la de las “Amas de Casa” y la de AMFAR, y la del “Pueblo Saharaui”, y las de los Jubilados y Pensionistas “San Antonio” y “El Molinillo”, y la Coral “Sierra Alta”, e incluso las monjas dominicas y clarisas, y la Banda de Música, y los Coros y Danzas, todos, sin faltar uno, mostrarán al pueblo durante sus fiestas la labor callada que han venido realizando a lo largo de todo el año.

            Y como cada año la historia se repite. Y como cada año el fervor religioso de este pueblo se manifiesta en su amor a la Virgen de la Sierra. Y como cada año las canciones de nuestro coro parroquial subirán, en forma de plegaria en las novenas y en la función, al cielo, donde cada canción se convertirá en la flor que los villarrubieros que ya no están con nosotros depositarán en ofrenda floral a los pies de la Virgen.

            Y como cada año, nosotros también estaremos puntuales en nuestra cita con la Virgen de la Sierra.

            La historia, hoy como ayer, se repite, y mañana como hoy, se repetirá. Y en los corazones de los villarrubieros volverán a reiterarse los vivas a la Virgen de la Sierra deseando que lleguen de nuevo las ferias del año que viene:

“Ay leré, leré, lerele,
allá va la despedida,
con un ramito de rosas,
a la Virgen de la Sierra,
que es la Virgen más hermosa,
que es la Virgen más hermosa,
ay leré, leré, lerele”.

            Y ya termino. A todas las personas que no seáis de Villarrubia, pero que sintáis un enorme aprecio por este pueblo y estéis pasando aquí las fiestas, sólo deciros que no os sintáis forasteros, que Villarrubia de los Ojos os acoge como una madre abraza a su hijo cuando corre hacia ella con sus brazos abiertos. Los hombres y mujeres de Villarrubia son así de hospitalarios.

            Y a la gente que, como yo, seáis del pueblo, disfrutad de una manera sana estos días. Olvidemos los problemas cotidianos y hagamos un alto en el camino. Rompamos la rutina y vivamos la feria abriendo nuestras puertas al forastero, al vecino, al hermano.

            Siempre he pensado que un pueblo se siente grande cuando sus sueños e ilusiones se hacen realidad. Así que, ¡Villarrubieros, no importa que nuestros sueños sean grandes o pequeños, sean como fueren, lo importante es que nunca dejemos de soñar!

            ¡Qué paséis unas muy felices fiestas!

            ¡VIVA LA VIRGEN DE LA SIERRA!

 

 

Pregón de la Feria 2006
Jesús-Manuel Plana Morales
Villarrubia de los Ojos, 6 de septiembre de 2006


 

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