|
Pregón de Feria VILLARUBIA DE LOS OJOS, 1995 Felipe Serrano López de Coca
Sr. Alcalde..., Sras. y sres. concejales .... Reina y Damas de las Fiestas..., Señoras y señores .... Villarrubieras y villarrubieros .... ¡Muy buenas noches a todos! (Antes de nada, si me permiten, quiero dedicar este pregón de feria, que hace el número 20 de los que hasta la fecha se han leído en el pueblo a mis padres y a mis hijos Lucía y Felipe). Constituye para mi un inmenso honor estar aquí esta noche pregonando la feria y fiestas de 1995. Y digo que es un honor, porque no tiene uno muchas ocasiones a lo largo de su vida, como yo en este momento, de proclamar a los cuatro vientos lo que siente por su pueblo. Decía nuestro paisano de Tomelloso, el novelista Francisco GARCIA PAVON, que "no hay tierra buena ni mala, no hay más que la de uno". La nuestra no es mejor que otras pero sí tiene algo que la hace inconfundiblemente auténtica en estos tiempos de vértigo que nos ha tocado vivir. Vaya también por delante mi saludo afectuoso para todos aquellos villarrubieros que por avatares del destino no se encuentran durante estos días entre nosotros y, naturalmente, un saludo también entrañable para todos aquellos que no habiendo nacido aquí se han incorporado de pleno derecho y como uno más a nuestras costumbres y forma de vida. Aprovecho también la ocasión para saludar a todos aquellos que eventualmente puedan seguir este pregón a través de la televisión local. Dicho lo dicho, lo primero que voy a hacer va a ser poner mis cartas sobre la mesa y decirles que tan sólo persigo dos cosas con las que me daría más que por satisfecho. Una: que estas palabras sirvan de vehículo para desearles unas felices fiestas, y dos: que provoquen algún que otro aguijonazo con el fin de recuperar nuestro legítimo orgullo de ser y sentirnos villarrubieros, porque como tendré ocasión de explicar más adelante, VILLARRUBIA DE LOS OJOS no es un pueblo cualquiera. Los primeros momentos de esta intervención, por tanto, quiero dedicarlos a todos aquellos colectivos y personas que con su esfuerzo y dedicación, muchas veces de forma anónima y desinteresada, contribuyen a que el nombre de VILLARRUBIA sea cada vez un poco más grande y en muchos casos a hacernos la vida más agradable. Estoy hablando de colectivos tan dispares y entusiastas como la banda de música municipal, la banda de cornetas y tambores, la Asociación ecologista ANEA, la Asociación de Amas de casa o las Peñas Porrón y Molino. Tal es el caso también de las Hermandades de San Antón, o de San Cristóbal, que en el último año, y entre otras actividades, ha unido a su inquietud cultural la remodelación de un gran mirador en la ermita que lleva el nombre del santo desde la que se divisa la sierra, el pueblo y la llanura infinita, los tres componentes de nuestra identidad. Encomiable igualmente es el trabajo realizado desde hace tiempo por la incansable Hermandad de la Virgen de la Sierra y por la de San Isidro que atesora en su Museo de Agricultura la esencia de lo que fue este pueblo. Qué habrá sido de aquellos zagales, mayorales, gañanes, yunteros, carreteros, herradores, camineros, molineros, canteros,, picapedreros, caleros, y yeseros. Dónde habrán ido a parar los carbonilleros, hojalateros, pescadores, cangrejeros, pregoneros, campaneros, serenos y jalbeganderos. Qué fue de los trilladores, segadores, bucheros, gorrineros, vaqueros, pastores, esquiladores y matarifes. Quién se acuerda ya de los guarnicioneros, cañameros, curtidores, albardoneros y cesteros. Qué pasó, en fin, con los medidores y corredores de vino, aguardenteros, bodegueros, tinajeros y pisadores. casi medio centenar de oficios desaparecidos por la vorágine de los tiempos y el progreso, pero cuya memoria perdurará todavía durante mucho tiempo. Quiero aprovechar la ocasión que se me brinda esta noche para rendir homenaje y tributo a los agricultores de VILLARRUBIA, verdadero motor de la economía del pueblo. Su dedicación y esfuerzo ha conseguido superar las condiciones adversas de un terreno agreste y duro como pocos, y los imponderables de una naturaleza caprichosa y cambiante, quién sabe si debido a la mano del hombre. España está dejando de ser a pasos agigantados un país agrícola, no sé si por voluntad propia o por exigencias de la Unión Europea. El caso, es que esta situación de interinidad está provocando no poco desasosiego en el sector. Si a esto unimos la galopante sequía de los últimos años, la peor de todo el siglo, y el insuficiente valor de los frutos, dedicarse a la agricultura en los tiempos que corren es, más que un medio de supervivencia, un acto de heroísmo. La llegada de la mecanización ha dejado los carros, galeras, tartanas y trillas como objeto de museo o curiosidad de coleccionista, cuando no los ha condenado a su lisa y llana desaparición. El valor simbólico de esos útiles y aperos, sin embargo, pervivirá siempre aunque hayan desaparecido aquellos que los utilizaron, porque sobre ellos se asienta la memoria viva de todo un pueblo. De bien nacidos es ser agradecidos, y por eso en esta ocasión tampoco está de más que recordemos nuestro pasado, que es tanto como recordar cómo se ganaban la vida muchos de nuestros padres y abuelos. Qué lejos quedan ya las norias con sus arcaduces o el tradicional arado de cama curva o castellano, el apero más emblemático y simbólico de la agricultura con el que remover la tierra, enterrar la simiente después de la siembra, eliminar los hierbajos e incluso sacar frutos como las patatas. Lejano en el tiempo y en la memoria queda también el trabajo de los segadores, que nada más terminar los días de la faena en el pueblo cogían sus escasas pertenencias para ganarse la vida en Guadalajara o Segovia. Tanto aquí como allí trabajaban de sol a sol, en pleno verano y bajo un calor sofocante acompañados de tábanos durante el día y mosquitos por la noche. En el mejor de los casos dormían en una quintería o un pajar alumbrados por un candil, y si no, al raso en un surco con un ropón y un haz de mies de cabecera. Apenas han transcurrido unas decenas de años y estamos hablando ya de un mundo en extinción. Una época bien distinta a esta y en la que la palabra de un hombre valía lo que hoy un documento firmado ante notario. Un tiempo, todo hay que decirlo, con profundas desigualdades sociales, bien es cierto que dominado por la armonía y el entendimiento, y en el que se necesitaba menos que ahora no sólo para vivir, sino también para ser feliz que al fin y al cabo es de lo que se trata. No sería justo hablar aquí de agricultores y labradores y no referirse siquiera sea unos minutos al importante papel jugado por las mujeres de VILLARRUBIA, que no sólo ayudaban en algunas tareas concretas como la vendimia o la aceituna, sino que no se asustaban a la hora de segar, arrancar, o trabajar en la huerta, además de sus tareas habituales en la casa. Ahora que se habla tanto de igualdad de sexos, bueno será recordarlo. Todavía hoy algunas recuerdan el bullicio de los días en que se levantaban antes que el sol para ir al caz o al lavadero y ver en qué pila les correspondía lavar. Era una época sin cuartos de baño, sin lavadora, por supuesto, y con una sola bombilla para toda la casa si es que la había. Diciendo estas cosas, que a algunos puedan sonar a obviedades, podremos comprender mejor que si el trabajo en general era duro antaño, el de nuestras madres y abuelas no lo era menos y por eso he considerado oportuno subrayarlo. Nuestra Reina de este ano y su corte de honor representan aquí esta noche todas las virtudes, que no son pocas, que adornan a las mujeres de VILLARRUBIA. Tampoco puedo ni quiero olvidarme de otro grupo numeroso de villarrubieros que semanal o diariamente se ven obligados a dejar el pueblo para ir a trabajar a Madrid. Esa sí que es una gran injusticia social, aunque tal y como están las cosas alguno me dirá y con razón que mejor eso que no tener trabajo. A VILLARRUBIA le corresponde el triste honor de ser uno de los pueblos que mayor número de trabajadores de la construcción aporta a Madrid y el de ser la pionera de esta dura forma de ganarse la vida de la que se cumplen ya más de treinta años. El primer viaje regular de obreros a la capital de España fue en 1964,1 el billete de ¡da y vuelta costaba entonces 40 pesetas, y aunque las condiciones laborales han mejorado enormemente se mantiene una situación cuando menos inaceptable. Trece o catorce autobuses de obreros hoy, o una veintena hace tan sólo unos años en la época de mayor esplendor, componen ese trasiego humano difícilmente repetible en cualquier otro lugar de España. Localidades como Las Rozas,, Majadahonda, Tres Cantos o Madrid capital se han convertido de esta forma en nombres conocidos y habituales en cualquier tertulia. Llueva o truene, haga frío o calor, casi un millar de villarrubieros con su bolso al hombro y horas de sueño atrasado deben abandonar su hogar a una hora infernal para buscar el sustento de su familia. Lo que comenzó siendo un viaje semanal se ha convertido en diario, con ano de obra de ida y vuelta, si bien algunos de ellos decidieron darse y quedarse a vivir para siempre en Madrid. Durante muchos años y con el fin de hacer una vida más económica dormían y comían entre papeles. Por fortuna hoy la situación ha cambiado, pero no mejorará del todo hasta que esos obreros puedan en su mayoría, y si lo desean, volver a trabajar en el pueblo sin tener que darse todos los días una paliza de 300 kilómetros en la carretera con el peligro que eso conlleva. A nadie se le escapa tampoco que la salida de obreros a Madrid ha reportado enormes beneficios al pueblo que se traducen en unos ingresos que rondan los dos mil millones de pesetas al año. Gracias a ellos y a los agricultores, el comercio,, las tiendas, el sector de la construcción local y empresas afines, y los bancos en general se han convertido en negocios florecientes como ocurre en pocos lugares de la provincia. Desgraciadamente lo que no se puede ya pagar con dinero para su recuperación es el entorno medioambiental del pueblo, porque si hay algo que caracteriza a esta zona es su fragilidad. El agua, el sol y la tierra. La sabia combinación de estos tres elementos de la naturaleza han confluido durante siglos de forma, yo diría que mágica, por toda esta zona. En los últimos años asistimos atónitos a la progresiva desaparición del agua. La terrible sequía derivada de la falta de lluvia que padecemos, las nuevas necesidades agrícolas y la voracidad de algunos nos han dejado como herencia un paisaje casi lunar.. además de innumerables pérdidas para nuestros hombres del campo. Alteraciones del ecosistema como la desecación de las márgenes pantanosas de los ríos Gíguela, Záncara, Riansáres y Guadiana, la captación irregular de aguas y la sobreexplotación de ese mar subterráneo que se ha dado en llamar Acuífero 23, y sobre todo la ausencia prolongada de precipitaciones ha puesto en peligro no sólo la supervivencia de las Tablas de DAIMIEL, sino que ha dejado nuestra rica vega convertida en un erial, trastocando de paso la forma de vida de todo un pueblo durante generaciones. Y quiero hacer hincapié en este asunto porque el cambio paisajístico y medioambiental producido aquí no conoce parangón en toda Europa si exceptuamos la desecación del Mar de Aral en la Antigua Unión Soviética. Soy perfectamente consciente de que el acto que nos reúne aquí esta noche debe ser lúdico y no reivindicativo porque para eso hay otras tribunas y lugares, pero tan sólo quiero subrayar que VILLARRUBIA tiene mucho que decir ante esta catástrofe, y tiene que decirlo alto y claro porque las tablas y los humedales son, o por mejor decir, eran tan de aquí como de cualquier otro lugar y no podemos permanecer mudos ante esta lenta agonía. Me he permitido la licencia de recordarlo aquí esta noche, siquiera sea brevemente, porque considero que el agua, fuente de vida cada vez más escasa, ha tenido en este pueblo un peso y una tradición que ya quisieran para sí otros muchos lugares de España. Aún hoy, quien tuvo retuvo, y en esta difícil situación VILLARRUBIA disfruta de unas condiciones envidiadas. Tan sólo nuestros mayores recuerdan ya los Ojos de la Fuensanta, de la Morena, de la Médica, el de la Abuelilla, el de Ricopelo, la Alberquilla del Trasto y los Cerrojillos. Fuentes como la de las Pozas, la de Arroba, la de la Mina, de Santa María o del Caño, o ya en la sierra la del Carrizo, la de la Teja, la del Madroño o la de la Posadilla. Qué tristeza contemplar la inactividad de molinos de agua como los de Zuacorta, Griñón o Molemocho. No deja de ser curioso que el símbolo por excelencia de La Mancha sean los molinos de viento y aquí los únicos que ha habido desde la noche de los tiempos hayan sido de agua. Hay quien recuerda todavía con añoranza aquellas bandadas de gallinillas, , azulones, patos coloraos, garzas, martinetes, cuellinegros, avefrías y aguiluchos que llegaban a ocultar el sol. Vivían entre tarayes, marjales, cañamares y carrizales donde crecían juncos, anea, espadaña y masiega y por cuyas aguas, las dulces del Guadiana y las salobres del Giguela, transitaban lampreas, carpas, lucios y cangrejos. Algunas de esas escenas están grabadas en mi retina porque, aunque ya en su decadencia, las recuerdo en los días de mi infancia. No sé si en un futuro más o menos lejano tendremos el privilegio nosotros, o lo tendrán nuestros hijos, o quién sabe si los hijos de nuestros hijos, nacidos del asfalto y el cemento, de volver a ver aquellas frondosas vegas y humedales. Por desgracia, no es algo que dependa totalmente de nosotros. Lo que sí está en nuestras manos es recuperar, por ejemplo en los terrenos de la Dehesa Boyal, parte de aquellos parajes de arbolado que las tropas francesas redujeron a cenizas en los primeros años del siglo pasado con motivo de la Guerra de la Independencia. La invasión del ejército enemigo necesitado de fogatas para el rancho y durante el invierno propició y abrió la veda para la tala de los inmensos manchones de encinares que rodeaban el pueblo en aquella época. VILLARRUBIA DE LOS OJOS, ya lo he dicho antes, no es un pueblo cualquiera, y no lo es porque hay una serie de hitos en su larga y dilatada historia que así lo demuestran. Este pueblo que tuvo su castillo hace nada menos que ocho siglos, que tuvo su Casa de la Encomienda, amén de numerosas casas señoriales de las que apenas se conservan un par de ellas, que toma su nombre de los ojos donde reaparecía el enigmático y misterioso Guadiana .... 1 esta villa digo, tiene algunos hijos ilustres que bien merece la pena traer a nuestra memoria hoy, aunque en ocasión idéntica a la que nos congrega esta noche personas más autorizadas que yo hayan glosado con evidente acierto sus figuras. Me refiero, por ejemplo, al capitán SALAZAR y al soldado Juan SANCHEZ, nacidos aquí y que embarcados en la nave capitana de D. Juan de AUSTRIA tuvieron una actuación heroica en la batalla de San Quintín en 1557. Tal es el caso también de Fray Gregorio NACIANCENO, confesor de Santa Teresa de JESUS, o de Juan GONZALEZ DE CRIPTANA, eminente teólogo agustino, escritor y humanista del siglo XVII, o ya en nuestros días, del músico Servando SERRANO ESPINOSA, considerado en su época como el mejor solista de oboe de toda Europa. Bueno será recordar también la memoria de José Antonio y Miguel JIJON, que dieron nombre en el siglo XVIII a la más antigua ganadería de reses bravas de España, creando la afamada "casta jijona", de "pinta colorada encendida" que tanto prestigio ha dado a este pueblo como certeramente relató Don Luis VILLALOBOS en un libro escrito en 1967, fundamental para conocer la historia del pueblo. Una historia que pasa, necesariamente, por un 2 de mayo de 1466. En esa fecha y en este pueblo ocurrió un hecho decisivo para el futuro de España. Tiene como protagonista a Pedro GIRON, no confundir con JIJON,, aristócrata castellano y todopoderoso maestre de la orden de Calatrava. El tal Pedro GIRON partió de la villa de Almagro al frente de tres mil hombres con intención de casarse con la infanta de Castilla, doña Isabel, con el paso del tiempo, Isabel La Católica. Inesperada y misteriosamente, don Pedro fue envenenado en VILLARRUBIA, frustrándose una boda que doña Isabel no deseaba y quedando libre el camino para que 1 infanta, futura heredera de los reinos de Castilla y León desposara tres años más tarde con Fernando de Aragón propiciando una unión dinástica sobre la que se asentó el futuro de España VILLARRUBIA DE LOS OJOS, digo, no es un pueblo cualquiera. Cuando en 1811 el ejército francés ocupaba toda la Mancha, y e este mismo lugar había un cantón militar enemigo en represas¡ contra el Duque de HIJAR, señor del pueblo, por su conducta patriótica, VILLARRUBIA tuvo un comportamiento ejemplar y e ningún momento se doblegó pese al trato inhumano que dieron lo invasores a los prisioneros hasta el 16 de marzo de 1813, fecha en la que el pueblo se libró definitivamente del yugo opresor con la salida de las tropas francesas. VILLARRUBIA, insisto, no es un pueblo cualquiera. Basta leer, si no, el Episodio Nacional de Benito PÉREZ GALDOS que lleva por título "PRIM". La acción transcurre en 1864. El genera PRIM se había puesto a la cabeza del Partido Progresista que la postre supuso el f in del reinado de Isabel II. Por lo polvorientos caminos de La Mancha pasaban los sublevados en s huída hacia Portugal, entre tres fuegos y con tres aguerrido generales que les pisaban los talones. Y, atención, dice PÉREZ GALDOS: (los hombres) "llegaron a VILLARRUBIA DE LOS OJOS, lugar grande, cuyos moradores trabajan, tuercen y manipulan la ene para fondos de sillas y otros utensilios. Lugar bien abastecido de quesos, hogazas, corderos y otras materias nutritivas, y de añadidura el más liberal y expansivo de toda La Mancha". Fin de la cita. Durante los minutos que llevo hablando he intentado refrescar la memoria sobre algunas tradiciones, usos y costumbres del pueblo, además de recordar algún hecho histórico de relieve. Cuán cierto es aquello de que agua pasada no mueve molino y por eso no estaría de más que sin abandonar nuestras raíces tuviéramos también el valor de pensar en el futuro. No soy de los que creen que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor porque la evocación de la nostalgia por sí misma puede convertirse en un mero ejercicio intelectual o de retórica. A punto de estrenar un nuevo siglo que se presenta apasionante, quisiera referirme también a los jóvenes de VILLARRUBIA de cuyo entusiasmo depende que todo lo que nos han legado nuestros mayores pueda ser transmitido a otras generaciones. Ser joven no ha sido fácil nunca. Ni en esta época ni en ninguna otra. Es ley de vida que resulten incomprendidos por ser portadores de esa maravillosa anhelada enfermedad que sólo el tiempo cura. En líneas generales la juventud de VILLARRUBIA tiene poco que envidiar a la de otro lugares de España. Está sometida a los mismos peligros y, siempre sin ánimo de generalizar, creo que podemos estar orgullosos de ellos. Saben divertirse pero también saben trabajar y estudiar. No hay más que mirar los partes de incidencias de cualquier fin de semana para comprobar que tenemos la suerte de vivir en un de los pueblos más tranquilos y sensatos de la provincia. No quiero dejar pasar la ocasión sin referirme también a un extraña paradoja. Desde tiempo inmemorial la gente anhelaba 1 llegada de estos días de f ¡esta y jolgorio. Lentamente en lo últimos años se ha ido extendiendo la moda de abandonar el pueblo en la feria para disfrutar de las vacaciones en algún lugar d la costa junto a la playa. Invito desde aquí a nuestra autoridades municipales para que en la medida de su posibilidades trabajen todo el año con el fin de conseguir una f ¡estas atractivas que eviten la desbandada general. Invertir e cultura y espectáculos no siempre es cuestión de dinero, sino e la mayoría de los casos de imaginación, y creo sinceramente que algo se está moviendo en este sentido. La cultura no es cara ni barata, sino más bien un servicio esencial que cuando se aplica con cariño y eficacia resulta gratificante como pocos. Termino ya. Debido a mi profesión de periodista de radio estoy demasiado acostumbrado a que mis palabras se las lleve el viento. Las últimas que pronuncie esta noche quiero que vaya directamente a lo más profundo de cada uno de ustedes y que las retengan allí durante mucho tiempo. Hemos nacido aquí como podíamos haberío hecho en cualquier otro punto del planeta pero no hay, estoy seguro de ello, ningún otro lugar donde nos sintamos más a gusto que en esta tierra dura, luminosa, seca, y fronteriza, pero sobre todo agradecida. Desde este sentimiento solidario quiero desear al pueblo unas felices fiestas,, felicitación que hago extensiva especialmente a todos aquellos, feriantes, camareros, policías municipales, barrenderos y empleados en general que seguirán al divertirnos. Que la Virgen de la Sierra colme de paz y felicidad cada un de los hogares del pueblo durante estas fiestas y durante e resto del año. Villarrubieras y villarrubieros, quedáis todos invitados participar en estas fiestas. Que la sana alegría, el bullicio el jolgorio y la armonía nos acompañen hasta el último cohete de la traca final. Yo por mi parte no tengo nada más que decir, voy a ir recogiendo ya mis papeles porque como bien se dice aquí en un expresión que ha hecho fortuna, "estos señores tendrán que cenar y acostarse". Muy buenas noches a todos y gracias por su atención. Hasta siempre.
|
PREGON DE FERIA y FIESTAS 1997
Félix Redondo Martín - Moreno Queridos paisanos: "No hay cosa que menos cueste ni valga más barata que los buenos comedimientos" , decía el hidalgo caballero que, sin haber existido, dio a conocer el nombre de La Mancha en todos los tiempos que tras sí vinieron y en los lugares más recónditos del planeta. Así que empezaré por dar las buenas noches a la concurrencia: Sr. Alcalde, señoras y señores concejales, Reina y Damas de las fiestas : buenas noches. Buenas noches a hermandades, cofradías, asociaciones, penas, que sois la voz y el vehículo de la actividad social y cultural de nuestro pueblo. Buenas noches a todos : señoras y señores, villarrubieras y villarrubieros, mi más cordial y cariñoso saludo. Queridos amigos : Siguiendo al rescoldo de esa literatura tan nuestra que es ‘El Quijote" , me recuerda éste, que "decir gracias, y escribir donaires es de grandes ingenios’ ; y en otro sitio asevera que "de los desagradecidos está lleno el infierno’. A este menester del agradecimiento, por tanto, me permitiréis que dedique las primeras palabras, aunque con ello tenga que sacrificar cualquier indicio de originalidad. Me siento muy honrado de todo corazón , y muy emocionado, por tener hoy el privilegio de dar las gracias públicamente a mi pueblo : En primer lugar a mis padres que, como tantos villarrubieros, no escatimaron esfuerzos para dar a los hijos lo mejor que sabían y podían ; con ese amor que cada generación no comprende en su justa medida hasta que no nos encontramos, como ellos, con la delicada responsabilidad de educar a los nuestros. Como a ellos, quiero agradecer su sacrificio y valor, digno de encomio, a todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo que tuvieron que regatear a la hambruna y sortear calamidades durante la postguerra, y que a pesar de la estrechez y austeridad con que les tocó resistir, hicieron de Villarrubia de los Ojos un sitio próspero en el que vivir con dignidad, e incluso me atreveré a decir, con desahogo . ojalá que dentro de algunas décadas, cuando nuestros hijos y nietos hagan inventario sobre lo que les dejamos, nosotros podamos tener la serenidad y el orgullo de haber hecho las cosas bien, de haber contribuido a la bonanza, a que esta tierra siga siendo, como decía de ella el mariscal de campo don Manuel Navacerrada, cuando corría el siglo XVIII, una de las villas entre las mejores de todo el reino. Dicho esto, entiendo yo, que es ésta una tribuna en que una vez al año reconocemos juntos ese sentimiento profundo que nos identifica como villarrubieros. Pasamos revista a nuestra sencilla, y no por ello baladí, historia ; alabamos nuestras costumbres y ensalzamos nuestras virtudes cantamos ese paisaje, que ha sido nuestro particular Edén y en fin, con esta exaltación, a veces lisonjera, pero legítima, nos disponemos a pasar unos días de dicha y alegría, y a ser posible, de descanso de las tareas habituales. Voy a comenzar por una circunstancia que siempre he entendido, por lo que contaban mis mayores, ha perjudicado o, como poco, no ha contribuido a que Villarrubia tuviera en su comarca y fuera de ella, la imagen y la valoración que le correspondía por su riqueza natural y por sus posibilidades de crecimiento industrial y económico. Me estoy refiriendo al hecho de que Villarrubia no haya sido atravesada por ninguna vía de comunicación importante. Tanto el trazado de carreteras como el ferrocarril nos condenaron, un poco, al aislamiento. Es sorprendente que en el informe que hace de nuestro pueblo el Cardenal Lorenzana en el año 1787, diga textualmente estas palabras : "...esta villa si estuviese en camino real no le faltaba circunstancia alguna para la estimación y renombre de la mejor, no sólo de la provincia sino también del reino..." y pasado poco más de un siglo, era un grande de la Literatura Universal, don Benito Pérez Galdós, quien suscribía lo dicho con alabanzas a nuestra tierra y sus moradores. No seré yo quien niegue la evidencia de que el aislamiento geográfico ha podido restar proyección en otro tiempo ; pero si vemos la botella medio llena en lugar de verla medio vacía quizás esta adversidad ha hecho de Villarrubia una casa grande íntima, familiar. Nos ha hecho más auténticos, conservadores d lo nuestro, Sirva de muestra un botón : la peculiar manera d utilizar el lenguaje, la jerigonza villarrubiera. La que ora utiliza palabras arcaicas o en desuso; ora comienza frases que quedan truncadas sin sentido alguno, o con la certeza de que e de enfrente de sobra sabe lo que queremos decir. La que ora mantiene el significado justo contra la frecuente transgresora invasión de términos importados ; ora permite 1 resistencia que tienen muchas personas a pronuncia correctamente neologismos que aprenden de la radio o 1 televisión. ¡ Cómo renunciar a utilizar en nuestro entorno el " maque", el "ascuras", el "’ en ca", almuerzo" con sentido de desayuno, el " ¡has dicho pisto !" etc. Posible es también, que esta incomunicación haya sido el parapeto que nos ha guarecido de precipitadas reformas, la cuales podían haber dado al traste con el principal extraordinariamente rico medio de vida, que es la agricultura. Cuando se viene por la ahora Autovía Nacional IV, - es que conocen palmo a palmo los villarrubieros que con sus mano han levantado, durante una treintena de años, un cinturón d casas, edificios y urbanizaciones, que se ciñe sobre Madrid desde que se deja atrás Aranjuez, y salvando algunos manchones verdes como el de la Guardia, se divisa una panorámica desoladora de erial yermo. Tierra desapacible en invierno y de solanera en verano. Tristemente, es ese color parduzco y terroso, donde hasta el aire es insípido, lo que identifican como manchego los que desconocen’ La Mancha . Camino de Puerto Lápice se vislumbran a lo lejos las primeras lomas, y algo comienza a cambiar. Por fin, cuando la carretera obliga a hacer un giro para entrar en el desvío a Villarrubia de los ojos, no parece sino que el polvo cegador de las tolvaneras, no nos permitía ver claro. Hemos llegado a un oasis. ¡Existe La Mancha húmeda !. Hemos llegado al encuentro con ese misceláneo paisaje tan nuestro, donde desde el gran acirate fronterizo que es la sierra, por sus cerros se escurren los jarales, olivares, encinares adehesados, hasta mezclarse con el viñedo colosal. Un manto verde de pámpanos, salpicado de quinterías blancas, que devora barbechos, huertas y sementera. Hogaño empezó con nieve, y ya se sabe año de nieves, año de bienes". Ojalá la realidad no desmienta al refranero. Muchos de nuestros chicos, y no de los más pequeños, no la habían visto mas que en el cine , y hasta pocos meses antes, la pertinaz sequía nos hizo creer que el tiempo había cambiado definitivamente, cobrando fuerza esas teorías del cambio climático y del recalentamiento, sin freno, de la tierra. Resultaba un espectáculo para los sentidos ver, como senderos y caminos que habían ocupado el curso de los arroyos, les devolvían su lecho natural y se escuchaba de nuevo el rumor del agua. La lluvia trajo con ella imágenes que no se veían desde la década de los setenta. En el balcón de la Sierra Calderina, mirador sin par, desde donde la Patrona de la villa se asoma a la vasta planicie manchega, podíamos observar con embeleso, como antaño, el gran humedal de las Tablas del Cígüela, y los aguazales de la vega. Memoria de niñez me trae la figura de labradores que tenían labor en el cerro de Entrambasaguas y en invierno accedían a ellas utilizando barcas de pértiga, donde crecía abundante vegetación palustre y no era raro encontrar las huellas del jabalí o del lince ibérico que bajaba de los Montes de Toledo. Yo sé, que a los más jóvenes, esto que cuento les debe parecer quimeras de archipámpano. No es así. La realidad es, que en menos de un cuarto de siglo, el sol y la aciaga ingeniería agrícola e hidráulica, han transformado aquel bucólico paraíso casi en un paisaje estepario. En los setenta el Guadiana aún movía molinos como el de Griñón o la Máquina, y parece que fue ayer, cuando nos sentábamos en el quiosco de Zudacorta a comer unos cangrejos. El remate de esta historia trágica que traigo aquí a colación, no con ánimo de que la melancolía nos invada, sino para que el olvido no cercene nuestra memoria colectiva, llegó en 1985. Fue entonces cuando, en el lugar donde después de siete leguas de tinieblas, el Guadiana resucitaba a la luz amarilla de los marzales, nos quedábamos sin apellido. Los Ojos de la Villa - rrubia se secaban definitivamente. No acontecía esto por arte de Birlibirloque, sino por causa de la implantación de ciento cincuenta mil hectáreas de regadíos que han sido, a la postre, un fiasco económico. Con los ojos, una retahíla de devanados recuerdos, colores, voces, música, olores, risas, juegos, proyectos...ardían como la yesca, bajo sus turberas. Pero, no demos al diablo el hato y el garabato, que aunque para cada uno su tiempo vivido fue el mejor, hoy en Villarrubia, hay más posibilidades para todos que en ningún otro momento de nuestra historia. Decía el controvertido, gran compositor y maestro de este siglo, A. Schönberg, que "lo único que es eterno es el cambio". Para esta alteración permanente de las personas y las cosas, que se da en todos los órdenes, hay que estar preparados. Unas veces se pierde, como en el cambio ecológico que acabo de relatar, y otras se gana, como el que se refiere a la calidad de vida de la que hoy gozan los vecinos de nuestra villa. Consentidme que haga es este punto breve narración del más cercano pasado, el que a mí me tocó consumir en la infancia feliz. Hace apenas cuatro décadas se alumbraba a los niños en casa, asistidos por comadronas sin más instrucción que la experiencia. En las calles de tierra, con paloduz en la boca, los niños jugábamos al trompo, a la taba, a los cantos, al "rescatao" , o a las bolas, siempre al acecho por si algún zascandil armaba la zaragata llevándose lo que hubiera en el "gua", y hasta que la madre nos mandaba a por un cuartillo de leche con refacción o a por el bacalao a la tienda de abastos ; aprendíamos a montar en bicicleta con la de nuestros padres y por el genuino estilo de " debajo pata " ; íbamos a las Escuelas del Cristo saltando el arroyo e improvisábamos campos de fútbol en las eras. Por los caminos, los gañanes, de rostro bermejo por el sol y el ábrego, y seguidos de cerca por galgos enjuntos, cruzaban carros de lanza con yunta de mulas, remolques, carros de varas tirados por burro y algún tractor, En la panadería, cada pan llevaba el sello de la artera antes de pasar al horno. Y en el plantío, el labrador, con la mano en la esteva del arado, levantaba la gleba abriendo surcos más rectos que si estuvieran hechos con tiralíneas. Cuando crecimos y los años nos obligaron a marchar de la escuela, tuvimos que abandonar Villarrubla por internados de Alcázar de San Juan, Almagro, Valdepeñas, Herencia, Ciudad Real y, sobre todo, hasta hace un par de años, el Instituto de Daimiel. Cae por su peso, que este mundo, esta manera de vivir, aún tan cercana en el tiempo, ha quedado ya sólo para la glosa. Con la mecanización y modernización del campo y de toda la sociedad, contamos hoy los villarrubieros con más y mejores prestaciones, como son la mejora en la asistencia sanitaria, ayudas agrícolas, pensiones, etc. . o más fácil acceso a la cultura y educación, como lo prueba el que los jóvenes no tengan hoy que abandonar la casa familiar por algo tan básico como asistir al instituto de enseñanzas medias. Hablando precisamente de educación y cultura: En otras tribunas y medios locales, hemos recordado a menudo, los hechos más importantes de nuestra historia, y a las personas ilustres que tuvieron por cuna u hogar a Villarrubia. Hoy yo, no podría por menos que llamar la atención de este auditorio sobre una cualidad que se pasa por alto y que, si bien se da en otra partes, considero probado que en Villarrubia supera con mucha holgura la media. Me estoy refiriendo, a que por las venas de los villarrubieros, corre sangre de artistas. Muchos de ellos, de los mejores, si hubieran tenido posibilidades y medios para demostrarlo. Pintores, músicos, actores, escritores y poetas, que trabajan la tierra, o en la carpintería, o en la oficina , o en la brocha gorda, o en el aula , o en el andamio, o en la barra de un bar. Sin duda, de estas actividades, la más popular ha sido el teatro. La afición a éste, ha hecho que en todo momento surgieran grupos, que con esmero y dedicación, mayor o menor fortuna, nos presentaban su puesta en escena. No podré olvidar una noche, en el patio del santuario de la Virgen de la Sierra, en la que asistimos a la recreación de la poesía, la música y el teatro renacentistas. El dramaturgo D. Lauro Olmo, que se encontraba entre los espectadores, de deshizo en elogios sobre el marco donde discurría el espectáculo, comparando este patio de la Virgen con el famosísimo Corral de Comedias de Almagro. El cuerpo de actores correspondía al grupo local "La Camisa" y lo musical corría a cargo de la Orquesta y Coro de Cámara "Ars Nova’ , dirigidos por el ciudarrealeño Sabas Calvillo, que sería más tarde director del Coro Nacional de España . La actividad musical también ha ocupado, en el ocio de los villarrubieros, una parcela importante. Y siendo yo músico, me resulta especialmente gratificante el excelente momento por el que pasan la Banda Municipal de Villarrubia y el grupo de Coros y Danzas : aquella, dormida algunos años y gloriosa en otros, camina firme a cumplir la friolera de un siglo ; éste, divulgando, con jotas y fandangos, el folklore que se cantaba y bailaba en Villarrubia desde hace generaciones. Vaya para ellos la gratitud y apoyo que merecen, en un país donde se valoran poco las manifestaciones culturales de los pueblos, referencias del pasado, tan necesarias para seguir adelante. Nunca faltaron voces cálidas y bien impostadas, acompañadas por rondallas de guitarras, laúdes, bandurrias y algún acordeón ; o voces que con sus cantos dan solemnidad a los actos religiosos como si fueran los cantorcicos y ministriles de antaño; o el ‘quejío" en la garganta del cante más hondo ; o solistas y grupos de la música moderna ; o la música coral, cuyo último representante fue el Coro de Cámara Xétar, que en su exigua existencia recorrió la provincia , y dio conciertos en Toledo y Madrid. En fin, que la música en Villarrubia siempre estuvo bien acompañada. Tendré que ir acabando, que en tiempo de melones no hay sermones. Y yo he venido aquí, esta noche, de muñidor del pueblo, a darles aviso a todos, que de parte del Señor Alcalde, esta villa celebrará su Feria y Fiestas en honor de la Santísima Virgen de la Sierra, del ocho al doce de los corrientes. Y con la misma voz con que me gano el pan de cada día, lo pregono desde el Cordón a la Soledad, desde la calle del Convento y Santa Ana a la Hontanilla, desde el Altillo al Caño de Arriba. Y en la Glorieta, que ya están poniendo los banderines y las luces de colores, y en el Alto Palacio, en la calle del Tirante, y en la Grande y en la Empedrada ... y por todos los rincones de esta Villarrubia de los ojos del Guadiana, otrora espejo y luz de la comarca. Se enterarán de sobra por el triguitraque de cañonazos, tambores y cornetas, repique de campanas y fuegos de artificio. Las villarrubieras del moño compuesto, vestirán sus mejores sayas y encajes, lucirán sus alhajas : oros, platas y azabaches. Los villarrubieros, la camisa de tirilla, pantalón de pana y la lonera más nueva. Habrá concursos , y competiciones, y toros, y baile ... y también un rato para acordarse, delante de la Virgen, de los seres queridos que este año comparten nuestra alegría desde allá arriba ; y de los enfermos ; y de los que no han podido venir, que sentirán que ninguna belleza puede compensar de la ausencia de su tierra. Así pues, queda cumplido mi encargo. Están todos convidados a estos días de festejos. Suyos son, que bien ganados los tienen. Marcada la anacrusa de la fiesta, yo no debo ocupar ni un minuto más. Les deseo una Feria muy feliz. Muchas gracias por su atención . Villarrubieras y villarrubieros, queridos paisanos y amigos: ¡Viva la Virgen de la Sierra ¡ ¡Viva Villarrubía de los ojos! Cinco de Septiembre de mil novecientos noventa y siete. Félix Redondo Martín - Moreno
|