En
los occidentales siempre ha sido una constante el mirar hacia Oriente
para poder encontrar las raíces que le unen con la naturaleza.
Desde el siglo
XIX, el artista occidental se ha interesado de una manera especial por
el arte de Japón y China y ha reflejado este interés en
sus obras.
El rakú
es fruto de estos escarceos formales y conceptuales con Extremo Oriente.
El
inglés Bernard Leach, es una de las personas que ha hecho puente
entre Oriente y Occidente, sobre todo en lo que se refiere a Rakú.
Este ceramista quedó fascinado por el proceso de elaboración
de unos cuencos, que ya venían realizándose bajo una tradición
de más de cuatrocientos años, utilizados para la ceremonia
del té y enmarcados dentro de un contexto de entendimiento con
la naturaleza.
A principios del
siglo XX, estudió en Japón la elaboración de los
cuencos en Rakú para la ceremonia de té. Recogió
las ideas de todas las fuentes que se pusieron a su alcance y las sometió
a la preuba final del fuego.
Se puede decir
que el origen del Rakú se basó en la realización
de un cuenco para la ceremonia del té.
El
término Rakú proviene de "Jurakudai", nombre
de un palacio construido por Hideyoshi ( 1537 - 1598 ), que fue uno
de los símbolos de su tiempo. Chojiro adoptó el término
por tratarse de piezas de cerámica hechas exclusivamente para
el palacio Juraku, y por tener un significado de "deleite",
"comodidad" o "felicidad"; dadas las interpretaciones
poco exactas que se tienen del tema, conviene poner cierto énfasis
en este punto. Rakú se convirtió entonces el nombre de
la familia que producía este tipo de cerámicas.
El descubrimiento,
desarrollo e innovaciones de la cerámica Rakú se debe
a Chojiro, quien fue fundador de una dinastía de quince generaciones
que ha llegado hasta nuestros días. Además existen muy
pocas familias que hayan sobrevivido en una línea ininterrumpida,
generación tras generación, como lo ha hecho la familia
Rakú. Desde el principio, el hijo primogénito es investido
con todos los atributos que caracterizan una línea sucesoria
de cientos de años, esto, sin duda le otorga un carácter
aristrocrático dentro de la cerámica japonesa, ya que
las piezas cerámicas que producen se consideran parte del Tesoro
Nacional y tienen un valor incalculable.
El representante
de la decimoquinta generación Rakú, Kiechizaemon XV (1949),
comenta: "La Tradición no es simplemente algo que ha
de preservarse y heredarse, lo crucial es cómo percibimos esa
tradición y las técnicas tradicionales. Nuestro punto
de vista determina lo que podemos crear para elevar la cerámica,
dentro de la realidad de la trdición, a algo completamente nuevo
y fresco. Son nuestras percepciones lo que constituyen el presente y
definen quienes y que somos."