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EL JUBILADO DE VILLARRUBIA EN TIEMPOS PASADOS
Antiguamente, los trabajadores no se jubilaban, ya fuesen del campo o de algún oficio urbano, pues no había el sistema de pensiones que ahora existe y estaban trabajando mientras sus fuerzas lo permitían, y cuando ya se veían impedidos para ser útil en su actividad estaban obligados a convivir con alguno de sus hijos/as, siendo una carga económica para éstos, aplicándoles la frase de: “ahora ya sopitas y al rincón”; esto significaba que sólo servía para comer y calentarse en los días fríos del invierno en el sitio preferente del fuego de la cocina y atizar la leña de la lumbre para que no se apagara, al mismo tiempo que vigilaban el puchero de judías o de otros guisos que estaba puesto en el fuego haciéndose la comida o la cena. En los días soleados de otoño y primavera solían buscar, y reunirse con sus afines, los sitios favorecidos por el sol, y en verano buscaban la sombra. Estas reuniones les servían para dialogar sobre sus hazañas en tiempos pasados. Como los tiempos cambian, y creo que para mejor, este colectivo de personas mayores, desde que se jubilan, aunque en algunos casos puedan seguir trabajando, tienen donde reunirse en los hogares hechos para ellos.
DE AÑOSO A JOVEN ¿Qué miras? ¿Las arrugas de mi frente? Lo que fue un día huerto floreciente En primavera vivaz de colores en breve tiempo se habrán deshojado.
Ahora existen residencias (antes se les denominaba asilos) para las personas mayores llamadas de la tercera edad, adaptadas para ellas con toda clase de comodidades. Diremos en clave de anécdota, en voz popular, algún hecho real ocurrido en tiempos que no existía pensión de jubilación, cuando los viejos eran una pesada carga, tanto en lo económico como en lo social, para sus hijos. Hecho del que he compuesto el siguiente poema:
EL ASILO DE ANCIANOS
Ciudad Real, Mayo de 2008 |